Valle debe exigir

Diciembre 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Hace 40 años el ingreso per cápita del Valle era superior en 40% al promedio nacional. Hoy es inferior al promedio. El cambio de orientación gubernamental gestado a finales de los 80, que redujo en forma drástica la protección a la producción nacional, tuvo serio impacto para nuestro departamento. Además, la violencia desencadenada en la Costa Pacífica por el narcotráfico ha inducido migración a Buenaventura de personas muy pobres provenientes de otros departamentos. Paradójicamente, la falta de oportunidades ha motivado que la población del departamento no crezca desde hace más de un lustro, pues la gente busca oportunidades en otras partes. Cali, con más de 15%, tiene el desempleo más elevado entre las ciudades de más de un millón de habitantes, y el de Buenaventura es astronómico, del orden de 50%. Hay buenas vías terrestres en el valle del río Cauca, pero la conexión con nuestro puerto, el único en el Pacífico de Colombia para efectos prácticos, es precaria. Se habla de vincular al país en el grupo de la Alianza Pacífico, pero no es claro el camino. Tampoco hay planes concretos para aprovechar los tratados de libre comercio suscritos con tanto entusiasmo, y generar empleo masivo en Buenaventura, con promoción de la inversión extranjera directa. No es sabio pedir milagros, pero sí es procedente exigir a quienes corresponde una estrategia sostenible para impulsar la comarca hacia mejores vientos. El gobierno nacional debe asignar recursos masivos y la concertación regional producir propuestas de inversión y planes de gestión para un futuro mejor. No solo se debe aprovechar la ubicación del Puerto y el clima del Valle geográfico. También se debe construir conocimiento para proveer al mundo bienes y servicios en forma competitiva y sostenible. Naturalmente, se debe concentrar los esfuerzos en los sectores donde la probabilidad de éxito es razonable; así, con la tasa de cambio actual, la mala infraestructura de transporte y el alto costo de la energía, muy pocos sectores industriales en Colombia tienen perspectivas sólidas, así los procesos empresariales sean relativamente eficientes. ¿Y si el gobierno no responde con eficacia, así lo desee? Este es un riesgo serio, pues las instituciones públicas de nuestro país están diseñadas para impedir una buena gestión y asegurar el mal uso del dinero público. Si las circunstancias obligan a ello, será preciso exigir desde el Valle del Cauca los cambios necesarios en el ordenamiento nacional para liberar las energías nacionales en pos de verdadera prosperidad para todos. Estamos en una encrucijada seria, como nave a la deriva, mientras Bogotá concentra sus energías en impulsar la otra costa, construir las carreteras que le prometió Uribe a Antioquia y, en general, derrochar sin darse verdadera cuenta los recursos finitos que produce la exportación de petróleo, equivalente hoy a dos tercios del total. ¿Nos daremos cuenta?

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