Uribe y Santos: muy parecidos

Noviembre 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Son muy parecidos en su concepción de lo público. Por ello se entendieron a las mil maravillas cuando el segundo era ministro del primero, y Uribe ungió a Santos, sin entender que quien gobierna debe asumir las consecuencias de sus decisiones. Uribe sembró las semillas de un país petrolero, y Santos cosechó los frutos, pero ninguno de los dos diseñó una estrategia apropiada para evitar que los ingresos fiscales extraordinarios y la revaluación erosionaran la sostenibilidad del aparato productivo. Tampoco se esforzaron por hacer más eficientes y transparentes las instituciones públicas de Colombia. Ambos apostaron al statu quo; creyeron que el país saldría adelante sin necesidad de cambios profundos. Coincidieron en el esfuerzo por mejorar la educación, hasta ahora sin éxito, como tampoco lo ha habido en la actualización de la infraestructura de transporte para hacer más competitiva la producción nacional.No tiene sentido que el Presidente obedezca a un jefe político. Uribe debe entender este principio. Tampoco es lógico que dos personas con apreciaciones tan parecidas mantengan distancias aparentemente insalvables. Ambos deben recapacitar y admitir que las cosas no han salido del todo bien. Hubo un gran avance en los primeros años de Uribe en materia de seguridad, con apoyo en bases heredadas de su predecesor, pero este giro no era lo único que el país requería. Al hacer el balance hoy se concluye que no estamos en circunstancias apropiadas para enfrentar la tarea de integrarnos al resto del mundo, para beneficio del grueso de la población de Colombia. A pesar de los buenos indicadores macroeconómicos, no somos competitivos en la producción y distribución de bienes y servicios. Así las cosas, falta mucho por hacer y la tarea no da espera. Un paso necesario previo a la integración a la sociedad globalizada es recuperar el monopolio del poder coercitivo en todo el territorio, para lo cual parece acertado buscar un acuerdo con las FARC, el actor más ordenado e importante en la guerra de la coca, y no se va a lograr ese acuerdo si se excluye de sus beneficios a los líderes enemigos; es natural que su primer objetivo, al fin y al cabo, sea una solución adecuada para ellos.El mundo de hoy es muy complejo. Nunca antes había habido las herramientas que ahora hay para mejorar productividad e innovar. De otra parte, los problemas que enfrenta la especie humana, y con ella todas las demás, exigen actitudes diferentes, más orientadas a la cooperación, pero bajo el compromiso de lograr eficiencia, para evitar que la escasez sea fuente de crisis. Colombia no ha dado los pasos preliminares para entrar en la faena de salvar la humanidad con base en trabajos racionales concertados. Además no tiene los conocimientos necesarios para jugar el papel que le correspondería en la gran epopeya de la supervivencia. Es hora de reflexionar. Nuestros líderes tienen la palabra. ¿Estarán a la altura del reto?

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