Transformar o perecer

opinion: Transformar o perecer

Encrucijada sin precedentes: transformarnos o perecer todos. Hemos cambiado el mundo de...

Transformar o perecer

Julio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Encrucijada sin precedentes: transformarnos o perecer todos. Hemos cambiado el mundo de manera irreconocible en dos siglos, en todos los continentes. Antes de la revolución industrial la inmensa mayoría de la población trabajaba en el campo. La vida era mucho más corta y las enfermedades nos acribillaban sin que se pudiera establecer la causa. Viajar era asunto muy complejo. La fuerza motriz de los animales era decisiva para la economía. No había noción de cómo habían evolucionado las especies y, más allá, el universo. Hoy el progreso evidente no puede ocultar dos problemas: el aumento en la desigualdad, y el riesgo de la destrucción de la vida por conductas cuyas consecuencias no somos capaces de calcular.El uso de combustibles fósiles fue decisivo en la epopeya que permitió cuadruplicar la población durante el siglo veinte. Las consecuencias no anticipadas de ese desarrollo son nuevos problemas. Se destaca el asunto del calentamiento global: la cantidad de dióxido de carbono y metano en la atmósfera hoy desborda con creces los límites que la ciencia considera sostenibles, con impacto perceptible sobre la temperatura total de la atmósfera y la calidad de los mares. En California la sequía completa cinco años, en tanto que en el sur de Brasil llevan tres años sin lluvia. En la costa caribe de Colombia los patrones tradicionales de lluvia se interrumpieron hace dos años, con consecuencias nefastas para las comunidades afectadas. Aunque ha habido épocas mucho más calientes en la historia del planeta, nunca había habido la concentración actual de gases productores del llamado efecto invernadero. Tampoco es el calentamiento el único problema. Así hubiera gran mesura en consumo de combustibles y de agua potable en lo sucesivo, no sería posible que toda la especie tuviera el nivel de vida que hoy disfrutan las sociedades desarrolladas porque los recursos renovables y no renovables requeridos no alcanzarían para todos. En el largo plazo es preciso contener el crecimiento de la población; en los países pobres de África hoy aumenta tres por ciento por año, tasa similar a las que tuvo América Latina en los años sesenta. Reducir la población mediante la persuasión ética, sin obligar a nadie, es quizá la tarea más importante que enfrenta nuestra especie. El reto de evitar un final prematuro para todas las formas de vida desborda la capacidad de las instituciones públicas de nuestro tiempo, que no han podido trascender la nación estado y asumir formas más apropiadas para enfrentar problemas de naturaleza global. Adecuar nuestras organizaciones públicas y privadas es necesario para alargar la aventura de la vida, así subsistan muchos riesgos en este planeta más allá de nuestro control, como choques de placas tectónicas o la caída de meteoritos como el que cambió el balance de las especies e impulsó el desarrollo de los mamíferos hace 65 millones de años. La humanidad entera está descubriendo a la fuerza la importancia de no desperdiciar recursos. ¿Sobreviviremos?

VER COMENTARIOS
Columnistas