¿Son buenos los TLC?

¿Son buenos los TLC?

Marzo 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

En el caso de Colombia, todo indica que no son convenientes, porque el gobierno no está en disposición de ahorrar parte del ingreso por petróleo y carbón, para neutralizar el impacto cambiario de estas exportaciones. Además no hay buena infraestructura para que el aparato productivo funcione con eficiencia, y sobre todo no hay un sistema educativo eficaz. No se puede vivir con protecciones arancelarias elevadas en un mundo integrado. Sin embargo, sí es necesaria una política pública en materia cambiaria si se quiere tener aparato productivo. La industria es constructora de conocimiento, y poner en peligro su viabilidad por falta de visión es imperdonable. Dos tercios de las exportaciones de Colombia son en petróleo y carbón. Este año la inversión extranjera directa en hidrocarburos y minería puede sumar US$10.000 millones, por lo cual es inútil esperar que las intervenciones del Banco de la República logren el objetivo de tener una tasa de cambio que refleje la productividad de nuestra economía en relación con otras. La infraestructura nacional deja mucho qué desear, el acueducto en muchas partes es deficiente, y la energía es muy cara. Hemos renunciado al ferrocarril y a la navegación del río Magdalena. Se habla de la importancia de la educación, pero no se dice que los currículos son mediocres, la preparación de docentes es deficiente y su puesto en la sociedad no seduce, la Federación Colombiana de Educadores se opone a la evaluación de desempeño y preparación como elementos de remuneración, la educación pre-escolar pública en la práctica no existe y los hogares de Bienestar Familiar perdieron vigencia, no hay buena formación tecnológica ni reconocimiento social al tecnólogo, y las universidades son mediocres.En el nuevo mundo de los acuerdos preferenciales de comercio las ciudades región pueden poner en práctica sus propias estrategias. Ello requiere autonomía, para bien o para mal, y buenas políticas fiscales y monetarias en el orden nacional. Además requiere administración de justicia confiable. Aunque existe la Organización Mundial de Comercio, cuyo propósito es integrar el mundo, los países desarrollados han escogido el camino de acuerdos bilaterales para robustecer su posición negociadora frente a los demás, y así mitigar el impacto de sus costos laborales y las exigencias superiores de sus normas ambientales. Además el capital internacional hace inversión en China, donde 80 millones de afiliados al partido comunista controlan el sistema político y administran el personal en las empresas con mano de hierro. La codicia hace que sistemas políticos como el nuestro, con mayores protecciones a las clases trabajadoras, sean caros. Hay que enfrentar el reto, ya asumimos compromisos y hay que cumplirlos. No hay marcha atrás. El camino es duro, y exige mejores instituciones públicas y privadas. ¿Seremos capaces de construirlas?

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