¿Somos libres?

Abril 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

La libertad es una ficción jurídica necesaria para la convivencia. Todos estamos presos de nuestra genética, el entorno, la historia individual de cada uno, sus miedos y sus cuerpos. Su imposibilidad práctica no resta valor al propósito de libertad, ni legítima a quienes lo combaten. La tragedia de la guerra hace complejas las relaciones entre las personas pero no desvirtúa el objetivo de lograr una sociedad más libre, en la cual cada quien pueda en cada momento escoger su actividad inmediata sin perjudicar a los demás. En la Constitución de Colombia es derecho fundamental el libre desarrollo de la personalidad, y deber de las instituciones públicas facilitarlo. Sin embargo, nuestras circunstancias impiden el logro de la libertad. Los modelos de desarrollo implantados a lo largo de la historia no han sido eficaces para generar empleo abundante, que valore el trabajo y facilite la construcción de espacios para descanso y placer. Además llevamos mucho tiempo en guerras estériles. De los últimos ochenta, cuarenta se invirtieron en guerra ideológica y otros tantos en la guerra de la coca, que no es nuestra. Los dos capítulos suman al menos medio millón de muertos y tres millones de desplazados. Las Farc, con raíces históricas de propuestas revolucionarias, son el más ordenado de los ejércitos no oficiales; no es imposible el éxito en la negociación en curso si los directivos evitan perder la libertad por crímenes de lesa humanidad. Este acuerdo sería paso importante, pero la guerra con otros ejércitos delincuenciales seguirá mientras el país no entre en el sendero del desarrollo, con otra mentalidad. Estamos presos de nuestra miopía; por eso no valoramos la importancia de mejorar la educación de toda la población, en todos los estratos y edades, paso necesario para aumentar la productividad y mejorar las circunstancias de los estamentos más vulnerables, objetivo de especial importancia por la enorme desigualdad en el ingreso de los colombianos.La verdad os hará libres, escribió Juan. Ella es esquiva. Solo se aprecia mediante la refutación de las afirmaciones falsas. La solución a todo debate conduce a otros. Por lo pronto, para ganar la guerra sin legalizar el consumo en los países ricos es preciso arreglar la institucionalidad, coja por muchas razones, y hacer de ella una fortaleza. No hay consenso sobre el camino a seguir, pero no podemos dejar de buscarlo. Solo con perseverancia romperemos las cadenas que nos atan y construir el camino hacia una sociedad más libre. La improvisación y la falta de visión compartida son nuestro mayor lastre. El éxito en las negociaciones sería apenas un primer paso. Luego siguen llevar la corrupción a sus justas proporciones, dar uso razonable a los recursos públicos, aprender a convivir bajo el principio del mutuo respeto, y comprometernos con el reto de hacer las cosas mejor cada día, así eso implique deshacer lo aprendido y volver a aprender nuevas cosas. ¿Seremos capaces?

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