¿Se acabarán las licoreras?

Julio 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Es muy probable que se acaben. El monopolio departamental para la producción de aguardientes y rones destinados al mercado nacional no tiene sentido en una economía abierta, inserta en la sociedad globalizada. Las preferencias de los consumidores evolucionan en la medida en que conocen nuevos caminos para la intoxicación etílica. Hasta los precios de los whiskys escoceses hoy son peligrosamente cercanos a los del aguardiente si se comparan por unidad de etanol, pues el contenido en los aguardientes ha bajado hasta el punto de que el producto estrella de la licorera de Cundinamarca ni siquiera alcanza el umbral técnico de la categoría. A pesar de la reducción en el contenido de alcohol, el consumo per cápita de aguardiente ha bajado casi 40% en los últimos diez años, en tanto que las bebidas embriagantes importadas, de mejor calidad en general y cuyo precio ya no es inalcanzable, han aumentado su participación en el mercado. A pesar de la mala distribución del ingreso y lo precario de nuestros gustos, el consumo de vino se ha cuadruplicado en el mismo período. Hace medio siglo los impuestos al aguardiente eran fuente esencial de las finanzas departamentales; en esa época la proporción del Estado en la economía era pequeña, la redistribución de los ingresos corrientes era exigua y la prioridad era la financiación de los salarios de los maestros con los ingresos de las licoreras. Pocas destilaban, pero todas generaban utilidades en un marco de protección razonable. Como el mundo cambia, ya en 1991, cuando se desarticuló la constitución llerista de 1968 en la asamblea constituyente, era evidente la inconveniencia de mantener el monopolio en cabeza de los departamentos, pero la obstinación del gobernador de Antioquia Gilberto Echeverry, quien veía las ventajas de la Fábrica de Licores de Antioquia como proveedor, y la anuencia de algunos constituyentes del Valle, sin visión de futuro, cerraron para nuestro departamento la puerta al desarrollo de una industria licorera importante, con posibilidad de generar empleo y conocimiento, posicionar marcas y contribuir de manera significativa al fisco con el pago de impuestos directos e indirectos.A pesar de los esfuerzos por innovar en el ámbito del aguardiente, y sin perjuicio de la intención de revivir la destilería de San Martín, la solución más práctica es impulsar la vinculación del capital privado a la producción de rones de clase mundial. No es fácil, porque el proceso productivo requiere añejamiento por muchos años, con elevados costos de capital variable, pero el esfuerzo se justificaría desde la perspectiva fiscal, económica y laboral. En la sociedad internacional es importante regresar a las ventajas comparativas naturales, y el Valle las tiene para la producción de ron. Colombia tiene esa deuda con nuestra región, para beneficio de todos. ¿Por qué desaprovecharlas?

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