Respetar a los demás

Noviembre 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Respetar a los demás es el punto de partida de una sana convivencia en el Siglo XXI. Las épocas en que había personas más iguales que el resto y se toleraba perturbar el sueño ajeno deben quedar atrás, porque las tareas que esperan a la humanidad son hercúleas, y exigen mejor sentido de las proporciones. La verdad es que como individuos somos irrelevantes en la historia, y como especie solo contamos en la fase más reciente de este planeta. Los embelecos narcisistas inducen al error de pensar que algún logro se recuerda con precisión mucho tiempo más allá del círculo de allegados inmediatos. En otra época, que duró poco, se creyó que las actuaciones de personas serían referente duradero de conducta universal. Se hicieron inventarios: Platón y Aristóteles, Alejandro, César y Napoleón, los trágicos griegos, Dante, Shakespeare, Cervantes, Newton y Einstein y miles más. Hubo delirios sobre logros individuales de humanos y humanas. Quedó por resolver la discusión sobre la naturaleza precisa de Buda, Jesús de Nazaret y Mahoma.Ahora Jorge Bergoglio, obispo de Roma con el sugestivo nombre de Francisco, invita a pensar desde una perspectiva amplia, reconocer las limitaciones de cada uno como individuo, y entender nuestro propósito. El argumento es claro: si no atendemos la necesidad de diseñar y construir soluciones sostenibles para la especie, no quedará descendencia humana sobre la tierra. Cuidar el ambiente es solo un renglón en la lista de tareas que nos permitirían, como especie, aspirar a unos siglos más sobre la tierra, pero es la más urgente. La más importante quizá es aprender a disfrutar el placer de los demás. Lograr ese objetivo le puede dar sentido a la existencia individual: cada uno de nosotros tiene su propia lista de conocidos.Entender que nadie es tan superior a los demás como para poder despreciar a ningún otro ser humano es buen punto de partida. El camino es largo y complejo. Las vanidades abundan y distraen. Sin embargo, la revisión de nuestra naturaleza, que se deriva de una simple mirada al espejo, lleva a concluir que nuestra especie hizo cosas asombrosas porque su peculiar evolución transformó su cerebro de manera tal que pudo construir modelos mentales con pasado y con futuro. Nuestra memoria, en contraste con la del elefante, permite revisar criterios y cambiar valoraciones como fruto de razonamientos ordenados. Tenemos a nuestra disposición la mayor maravilla del mundo: el perdón. Hasta los más audaces e imaginativos barones electorales, corruptos y clientelistas, pueden arrepentirse de faltarnos al respeto a todos los demás y obtener así nuestro perdón. ¿Respetar será una regla muy compleja?

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