Recetas contra la corrupción

Recetas contra la corrupción

Julio 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Está en todas partes, pero es preciso combatirla para mitigar sus estragos. La degradación de las instituciones es consecuencia de que siempre hay potencial conflicto entre los intereses de representantes y representados. La corrupción de lo público es muy costosa porque dilapida recursos escasos, induce el mal uso del tiempo de servidores públicos torcidos, dedicados a diseñar esquemas para robar en vez de trabajar por el bien común, y además rompe la confianza que debe mediar entre los miembros de la sociedad. La mala asignación de dineros escasos perjudica más a los más pobres, y es más marcada en los países pobres y menor en los países más civilizados. También existe en el sector privado. No sorprende que un jefe de compras reciba dinero o regalos costosos de proveedores en busca de preferencias en las decisiones. Sin embargo, los dueños o administradores detectan desvíos no autorizados y toman correctivos.La corrupción pública existe porque el sector privado interviene en las decisiones y quienes administran lo público permiten que eso ocurra, para su beneficio. No es posible robar al Estado sin el concurso de particulares. No todos los empresarios son corruptores ni todos los funcionarios venales, pero el ambiente de control del sector público colombiano es poco propicio a la transparencia. Las causas centrales de la corrupción en Colombia son el pésimo diseño del Estado, su estructura y sus procesos, la falta de convicción de quienes nos gobiernan sobre la posibilidad de hacer las cosas bien, y la ausencia de principios de conducta en los negocios en muchas firmas. Muchas empresas promueven en forma irregular que los grandes negocios les sean adjudicados. Como consecuencia, se incurre en costos excesivos, lo contratado no resulta lo requerido y el presupuesto se malgasta. Es frecuente la intervención de personas de gran prestigio como intermediarios o como promotores de malas decisiones.En un país con marcada inequidad en la distribución del ingreso es muy grave que personas de la élite, con estudios en las mejores universidades nacionales y del exterior, sean ejemplo de mala conducta. La sociedad debería exigir que en todas las empresas grandes o medianas se adopte un código de conducta en los negocios estricto y riguroso, y que se cumpla. No sólo debemos reclamar a los líderes buena conducta, sino medidas prácticas para asegurar que haya transparencia. Ese es el cimiento del cumplimiento de la responsabilidad con la patria. No exigirlo es una forma de complicidad silenciosa de la sociedad con la politiquería y el clientelismo. La creciente corrupción es el mayor obstáculo al logro de paz y prosperidad. Debemos exigir medidas concretas en vez de declaraciones vacías. Además, si el país se vuelve próspero, los ricos se volverán más ricos. ¿Cuándo comenzará el clamor?

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