¿Quién tiene la razón?

Marzo 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, descalificó la pretensión de cristianismo de quienes proponen construir muros infranqueables para atajar la migración internacional. Aduce que la ética debe partir del amor por los semejantes, y no agresión. Sus contradictores sostienen que es indebido opinar sobre los asuntos internos de estados ajenos. El asunto es complejo, porque las barreras agresivas no construyen relación armónica, pero también hay que tener en cuenta consideraciones prácticas. Así, Europa Occidental no está preparada para asumir la enorme cantidad de habitantes de Siria que quisiera escapar de la guerra que vive su país. Hay veintitrés millones de sirios en un país cuyo desorden es consecuencia del incumplimiento de Occidente a los árabes al terminar la Primera Guerra Mundial. También hay distintos valores morales en diferentes países del mundo: los chinos, los japoneses, los árabes, los habitantes del subcontinente indio son mucho más machistas que las sociedades de Occidente. El asunto sobre el cual versa esta diferencia abarca a la mitad de la especie. Además cada país tiene distinto sistema de seguridad social, lo cual, en adición a las políticas de restricción a la inmigración, hace difícil el libre flujo de personas.Sin embargo, también es cierto que dependemos los unos de los otros, en forma muy marcada desde el Neolítico, para acumular bienes que permitan enfrentar lo incierto. La posibilidad de atesorar capital ha permitido cambios maravillosos en la vida cotidiana, mediante el aprovechamiento ordenado de iniciativas innovadoras, pero también ha alimentado ilusiones vanidosas de marcar diferencias a partir del patrimonio, la autoridad que de él se deriva, y la posibilidad de incurrir en consumo conspicuo. Los gusanos no discriminan entre ricos y pobres, jóvenes y viejos, inteligentes y bobos. Hoy ni siquiera dura la gloria individual en las artes, las ciencias o las letras, porque todo logro es efímero y la memoria es difusa.El cambio en el clima y la acidificación del agua de los mares inducidos por la especie humana se han vuelto contra ella. La situación obliga a entender que debemos aprender a respetar la vida en todas sus manifestaciones, sin negar que unas especies alimentan a otras, pero también sin intervenir en forma innecesaria y de manera destructiva para nosotros y para las demás especies. La dilación en encontrar soluciones para los problemas globales obligará a severas restricciones para todos. Para ordenar las cosas de manera sostenible necesitaremos nuevas instituciones públicas en todo el mundo y, sobre todo, valores claros y cultura del respeto. ¿Cuándo vamos a comenzar a trabajar para construir un mundo diferente?

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad