¿Quién es la autoridad?

¿Quién es la autoridad?

Abril 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Todos sabemos de la minería y la agricultura ilegales pero el problema no se enfrenta. Hoy son evidentes los desaciertos de la Ley 100. Es cierto que las normas buenas no siempre se reflejan en bienestar, pero las malas siempre traen desastre. Lo cierto es que el aparato gubernamental no tiene agentes adecuados para promover el respeto al medio ambiente. El Ministerio no tiene capacidad operativa. Las Corporaciones Autónomas Regionales no tienen el sistema de gobierno corporativo apropiado para el papel. La Policía Nacional olvida que sus tres propósitos básicos son la seguridad, la tranquilidad y la salubridad de los asociados, y no reconoce la necesidad de emprender acción efectiva para evitar catástrofes. Las autoridades municipales tampoco tienen el conocimiento ni los recursos necesarios. La rama jurisdiccional atiende los precarios llamados de voceros de la ciudadanía en procesos tortuosos, como todos los de la Patria.Parecería que hubiéramos renunciado a los beneficios de nuestros recursos naturales. Además el capítulo ambiental solo es muestra de la falta de autoridad efectiva en general. La incapacidad de Colombia para ejercer el monopolio del poder coercitivo del Estado en buena parte del territorio, fruto del pésimo diseño de los procesos públicos, nos está hundiendo. La reducción del número de municipios en poder de las Farc, de casi quinientos a poco más de doscientos entre 2002 y hoy, y la abundancia petrolera entre 2010 y 2014, nos produjeron sopor, y no hemos reconocido la seriedad del atavismo colectivo, a pesar de que el lindero de la periferia abandonada puede estar cerca de todos nosotros. Hoy enfrentamos perspectivas de desaceleración económica, con serias implicaciones fiscales, mientras nos acercamos a acuerdos en La Habana con el menos sanguinario y más ordenado de los enemigos en la guerra estéril de la coca. Los acuerdos llegarán en época de escasez, costarán mucho dinero y solo serán útiles si se revierte el atavismo y se decide tener autoridad capaz de proveer en todo el país servicios de seguridad, justicia, salud y educación, así como la infraestructura y el liderazgo necesarios para impulsar actividad empresarial importante donde sea procedente. Todo se puede hacer con respeto por derechos individuales y colectivos fundamentales, sin retórica populista. Hay fórmulas prácticas para reordenar lo existente y corregir sus defectos, con una Carta sencilla. Las instituciones requieren cirugía radical sin cercenar libertades, sin expropiar bienes habidos en forma legítima y sin cultivar odios ni resentimientos. El punto de partida es la construcción de una conciencia apropiada para el cambio. ¿Estamos listos?

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