¿Qué se sabe?

¿Qué se sabe?

Noviembre 12, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Se sabe muy poco. Tres cuartas partes de la energía detectada en el universo son energía oscura, sobre cuya naturaleza no hay claridad. Cuatro quintas partes del cuarto restante son materia oscura, sobre la cual apenas hay un poco menos de ignorancia. No se sabe si este es el único universo que existe, aunque es probable que haya otros. Ni siquiera son claras las verdades que fundamentan la física, pues hace unas semanas un equipo italiano descifró el resultado de unas pruebas en el aparato de colisiones del Centro Europeo para la Investigación nuclear y concluyó que la velocidad a la cual se desplazaban unos neutrinos excedía la velocidad de la luz. Tampoco se sabe mucho sobre el cerebro y los procesos intelectuales que distinguen nuestra especie de las demás especies superiores. Parece que la realidad es más compleja que la capacidad de los humanos para describirla. Lo que sí se sabe es que la vida sobre la Tierra está amenazada, por factores externos como meteoros, cometas y otros conjuntos de masa que se desplazan por el universo, por el riesgo de choques de placas tectónicas, por la posibilidad de una erupción volcánica poderosa, y por la gestión de la especie humana, bien sea por el uso de armas de destrucción total o por la contaminación del medio ambiente. Pero también está claro que se podría erradicar la pobreza sin detrimento de quienes hoy todo lo tienen, con procesos de gestión colectiva más eficientes. Hay suficientes recursos para ofrecer autonomía, seguridad y justicia sin poner en peligro la viabilidad del sistema económico ni el entorno. Los líderes de nuestro planeta tienen como objetivo sostenerse en el poder, en vez de dar la debida importancia a los grandes retos de la humanidad. Para mantenerse deben transigir con la torpeza de todos nosotros, sus mandantes, que esperamos milagros, nos resignamos con la corrupción y no tenemos claro que el cimiento de la convivencia es el respeto. Quienes nos gobiernan alimentan ilusiones sobre la causa de las cosas buenas y diluyen la culpa de las malas. La naturaleza humana no cambia pero el contexto sí. Los problemas y las oportunidades derivados de la ciencia y la tecnología tienen hoy una dimensión antes impensable. Se puede extender la vigencia de la vida en nuestro planeta o acelerar su terminación. Además se podría asegurar la atención a las necesidades básicas de todos, con sacrificios mínimos.El primer paso para evitar el colapso de lo acumulado en diez mil años de vida urbana y cien mil de humanidad es el compromiso de la especie con la verdad. Llegó la hora de buscar salidas con fundamento en el respeto, pero también en la valoración del conocimiento por encima de la conveniencia personal. Una conciencia colectiva clara debería ser el propósito general de quienes definen las normas y administran las sociedades humanas. ¿Nos cogerá la noche al descubierto?

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