¿Qué pasaría...

Abril 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

…si los países de la Costa Pacífica de Sudamérica, Bolivia y Venezuela formaran uno solo? Los beneficios serían inmensos y fáciles de materializar. Hay historia común, problemas similares y oportunidades con mayor probabilidad de aprovechar unidos. La integración tomaría varios años, pero no sería compleja. Habría oposición de quienes percibirían que el beneficio general los perjudicaría, pero el resultado esperado sería el mejor argumento para impulsar la iniciativa. Se resolvería el problema de pésimas instituciones públicas prevalentes en casi todos los países. Chile es, con mucho, el que tiene las mejores, y debe ser el modelo al cual se deben ajustar los demás. Su diseño, no exento de la inevitable burocracia pero mucho menos contaminado por la corrupción, le ha permitido pasar al campo de los países desarrollados. El contraste con el resto de la lista es visible. Jueces, abogados y servidores públicos de los demás tendrían que estudiar estructura y procesos públicos del país austral, esfuerzo colectivo que podría ser punto de partida para un hábito permanente de actualización, necesario hoy porque todo está sometido a cambios. Más allá de la mejora en la gestión en los demás países como fruto de la homologación con Chile, habría una sola moneda y un solo sistema fiscal y aduanero. El mercado doméstico agregado sería muy grande, a pesar del modesto ingreso per cápita, pues la población sumaría alrededor de 140 millones de personas. Se aprovecharía la construcción de conocimiento en curso en cada comunidad, y se harían evidentes oportunidades de inversión en infraestructura para mejorar la conectividad del conjunto. Habría libre flujo de personas para buscar trabajo donde se encuentre, más empresas compitiendo en los mercados y mayor eficiencia en la inversión de capitales. El enriquecimiento cultural fruto de la mayor interacción sería fuente de inspiración para poetas, músicos, novelistas, pintores y demás cultores de la estética. Mejoraría la gestión urbana de todas las comunidades con base en el conocimiento de lo que funciona bien o mal en las demás, y las estrategias de desarrollo serían regionales y no nacionales, pero la capacidad para negociar en los ámbitos internacionales sería mucho mayor. Podría incidir de manera decisiva en la revisión de la estrategia de Estados Unidos contra el consumo de estupefacientes, guerra ineficaz para ellos y de costo incalculable para algunos de estos países, sacudidos por la violencia.La nacionalidad es una forma de afiliación importante. Refuerza la identidad. Sin embargo, los retos de sostenibilidad económica, social y ambiental que enfrenta la especie apuntan a la conveniencia de apoyar iniciativas audaces, que impulsen la gran convergencia mundial. Lo que hoy parece novela es solo un paso en la dirección adecuada. Los sistemas políticos y económicos del futuro serán multiculturales. De hecho, ya lo son, pero de manera soterrada. ¿Por qué no buscar un futuro mejor?

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