Preguntas universales

Julio 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

En 1896 terminó el estancamiento de la economía europea iniciado más de veinte años atrás y se aceleró el proceso de globalización. Desde entonces la población del mundo se quintuplicó.La agricultura, actividad principal de la humanidad desde la revolución neolítica hace diez mil años, perdió importancia relativa, primero a expensas de la industria y luego de los servicios propios de una sociedad urbana. Se estructuraron procesos de construcción de conocimiento sin precedentes, se amplió en forma dramática el acceso a la educación básica en todo el mundo, y se prolongó la expectativa de vida de manera notable, de menos de cincuenta a más de setenta años.Las dos guerras mundiales trasladaron el poder económico a EEUU. El esquema de convivencia por el que se optó amenaza la sostenibilidad misma de la vida sobre el planeta, y requiere grandes acuerdos con efecto sobre toda la humanidad.En contraste, hay un vacío de institucionalidad en la sociedad mundial. Hasta comienzos de los setenta la distribución del ingreso en todo el planeta había mejorado con fundamento en aumentos de la productividad. Desde entonces la integración se ha acelerado, y la participación en la producción total de bienes y servicios de China e India, los dos países de mayor población, ha alcanzado niveles impresionantes. Sin embargo, el arreglo institucional global es deficiente frente al reto de sostenibilidad. Así, el interés público sigue ordenado a través de países, unidades heterogéneas con autonomía normativa, en su mayoría subdesarrollados y corruptos, cuyos gobernantes tienen propósitos distintos del bienestar de los asociados. Entre tanto, el capital internacional fluye con libertad a través de las fronteras para maximizar ganancias. La debilidad de lo público frente a lo privado es evidente, pero la solución no es regresar al pasado y revertir la mayor participación del capital en los procesos económicos. Hay que buscar compromisos serios alrededor de los grandes retos.Preocupan el deterioro en la distribución del ingreso en los países desarrollados y la incertidumbre sobre el futuro de los no desarrollados, la mayor parte de los cuales ni siquiera tiene los elementos necesarios para impulsar procesos ordenados que conduzcan a la prosperidad. En el caso de Colombia, después de un crecimiento sostenido bajo el modelo de protección a ultranza de la producción nacional y un estado insuficiente, hemos hecho tránsito a una economía de productos primarios con un estado grande pero mal armado, cuya ineficacia amenaza los procesos de construcción de conocimiento y producción nacional. El precio de aprovechar los recursos mineros y energéticos como palanca del desarrollo es el compromiso con la mesura y la calidad en el gasto público. Para lograr eficiencia de lo público es preciso tener buen diseño y operación de las instituciones. Con las que tenemos es improbable que lleguemos jamás a lograr ni siquiera el respeto por los más elementales derechos y el cumplimiento de los deberes básicos. ¿Podremos prosperar sin cuestionarlas?

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad