Perspectivas económicas

Perspectivas económicas

Octubre 25, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

¿Para dónde va la economía? Aunque no somos dueños de nuestro destino en un mundo cada vez más interdependiente, debemos hacer el esfuerzo de equipo, con participación de ciudadanos, gobernantes, empresarios y academia, para avanzar rápido hacia aumentar el ingreso y reducir la desigualdad. Un breve repaso de nuestra historia desde la independencia de España facilitará identificar prioridades.

Los primeros ochenta años de Colombia fueron muy complejos: hubo sucesión de guerras civiles. El país era uno de los más pobres de América en 1902, al terminar la Guerra de los Mil Días entre conservadores y liberales. La economía progresó en forma sostenida en el Siglo XX gracias al empuje de la gente colombiana, trabajadora e ingeniosa. Sin embargo, es evidente la impreparación para el Siglo XXI.

Preocupan la orientación del comercio internacional hacia la exportación de productos básicos, la impreparación para el turismo, renglón con gran potencial por la biodiversidad y la variedad de climas y paisajes, la falta de propuestas adecuadas para resolver los problemas evidentes de las instituciones públicas y, sobre todo, el atraso en educación, obstáculo gravísimo para el desarrollo sostenible en todos los órdenes. Cada una de estas debilidades amerita análisis.

Los productos básicos son de precio volátil y los no renovables invitan al despilfarro de los recursos producto de regalías. El turismo exige mucha preparación para que quienes vengan decidan repetir la experiencia y recomendarla a otras personas: solo así podrá el turismo consciente, donde hay ventajas comparativas, florezca de verdad; además exige austeridad fiscal y exportación de divisas para evitar la sobrevaloración de la moneda, que pone en peligro la viabilidad del aparato productivo, necesario para construir conocimiento. Se necesitan instituciones públicas idóneas; ellas son necesarias para construir una sociedad viable, para abaratar el capital y para que cada región y, por ende, cada ciudad, encuentre su espacio en la economía globalizada.

La brecha entre posibilidad y realidad es grande. Eso significa, en la práctica, que durante años se podría crecer muy rápido. La clave es aumentar la productividad del sector público, propósito que exige creatividad para comprometer a toda la sociedad.

No basta pedir: hay que cooperar para que el Estado genere más con los mismos recursos. Así, en salud es preciso inducir racionalidad para evitar el colapso de un sistema que logró plena cobertura en poco tiempo pero ahora no atiende expectativas de los usuarios: es necesario hacer de verdad promoción y prevención. También hay que arreglar la educación pública, donde la relación perversa entre el Ministerio y la Federación de Educadores cercena la posibilidad de construir un futuro mejor; se requiere pertinencia de temas según las estrategias de desarrollo de cada región, y compromiso articulado de educandos, docentes, familias y administración. Hay que hacer responsables a los políticos profesionales y lograr una rama judicial eficiente e independiente.

Es más fácil lograr el diseño acertado de instituciones que convivir con el desastre actual, y más rentable. ¿Hay duda?

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