Paul Ryan

Paul Ryan

Agosto 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El candidato republicano a la vicepresidencia de Estados Unidos, encarna lo bueno y lo malo de su sociedad. Cree en la iniciativa individual y en retribuir a cada uno según su aporte. Vive en Wisconsin con su familia; entre semana duerme en el Congreso en Washington y come en la cafetería. A consecuencia de su ideología asume posturas poco solidarias con los sectores vulnerables de la sociedad y es radical contra el aborto. Respalda reducir los impuestos a las personas de mayores ingresos y defiende el porte armas.Mitt Romney lo escogió pues sus puntos de vista tienen muchos seguidores en su país, donde prevalece el mito de que cada quien forja su destino y se hace caso omiso de los grandes imperativos de la especie. En Estados Unidos no hay conciencia clara de la amenaza a la sostenibilidad por el excesivo consumo de recursos no renovables, y por el mal uso del agua, el aire y el suelo. Como es un país grande, construido con la ventaja de tener mucha área y población, sin limitaciones para el comercio y el desplazamiento y con una sola moneda, la sociedad piensa poco sobre lo que pasa afuera. Pese a la derrota en Vietnam y la ineficacia para dar soluciones estables en Iraq y Afganistán, los americanos siguen convencidos de que su destino está garantizado. No reconocen que su aparato productivo perdió competitividad, el dólar está sobrevaluado, sus finanzas son frágiles y su gasto en salud, más de 15% del producto interno bruto, es excesivo por ineficiencias y abusos. Paul Ryan no es mala persona. Es un hombre afable y trabajador. Quiere que todos mejoren a través del esfuerzo, pero no se pregunta si su modelo de vida puede funcionar para todos, y tiene poca tolerancia con los errores y debilidades del prójimo. El esquema de convivencia que propone no da mucho espacio para diferencias culturales, ni contempla solidaridades. No es abierto a la diversidad ni asume posiciones críticas frente al paradigma prevalente en su país, la primera democracia liberal del mundo cuyo modelo presidencialista está cayendo en la obsolescencia, como el de Colombia, por la enorme complejidad de la sociedad contemporánea, su economía, su tecnología y sus dinámicas culturales, que pone excesiva responsabilidad en las manos de una sola persona. Estados Unidos tiene las mejores universidades del mundo, sus instituciones públicas más o menos funcionan y su sociedad innovadora superó grandes crisis. Colombia, en contraste, no tiene compromiso real con la construcción de conocimiento y debe manejar la misma complejidad social con la quinta parte de ingreso per cápita y la peor distribución del ingreso en América, excepto Haití. Si allá caben interrogantes sobre el futuro, ¿qué podremos decir nosotros?

VER COMENTARIOS
Columnistas