¿Para dónde va EE.UU?

Septiembre 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El mayor problema que enfrenta Barack Obama desde su posesión es el estancamiento de la economía de los países desarrollados. No tiene manera de impulsar el crecimiento mediante gasto gubernamental porque recibió de su predecesor, George W. Bush, un importante déficit fiscal, guerras costosas en Iraq y Afganistán, y una reducción en los impuestos de las clases altas. Aunque es buen comunicador, ha sido discreto, lo cual lo ha perjudicado. Su equipo económico, liderado por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, impulsó el rescate a los mayores bancos y a la mayor aseguradora del país, AIG, sin que la hacienda pública recibiera beneficios por el riesgo que tomó en forma transitoria. El asunto más debatido en los 4 años de gobierno de Obama ha sido la ampliación de la cobertura de salud, distorsionada por la oposición republicana, y que levanta callos en ese país, en el cual el individualismo prevalente supone que cada quien debe buscar las soluciones a sus problemas. Barack Obama quiere la reelección. Su Partido Demócrata tiene posiciones de centro, en tanto que el Republicano es más conservador. La composición del electorado en EE.UU. se ha modificado en años recientes como consecuencia de la penetración de propuestas religiosas que niegan la evolución de las especies, y tienen la preferencia de más de 40% de la población en el país, líder en investigación y ciencia. El dogma religioso en auge basa la salvación en la fe individual y desestima la solidaridad. Sus partidarios se han tomado el control del Partido Republicano, de manera que los resultados electorales reflejan la profunda división causada por las creencias. La situación ha desvirtuado el debate político, pues los fundamentalistas no tienen pudor para distorsionar la realidad con tal de acceder al control de las instituciones públicas. Mitt Romney, el candidato republicano, no es fundamentalista y ha sido discreto durante la campaña, pero en la recta final debe radicalizarse. Según las encuestas, siempre veleidosas, ello debería desembocar en una victoria del Presidente, pero no hay seguridad de nada. Los problemas de EE.UU. son serios, pero no debe olvidarse que es un país próspero, y aunque en los últimos 30 años se ha deteriorado la distribución del ingreso , es mucho menos inequitativa que en Latinoamérica, y que en Colombia en particular. Nuestro país, incapaz de generar empleo formal y empeñado en una estrategia de desarrollo minero energético, sólo es superado en el infame catálogo de la desigualdad por Haití y por Honduras. En EE.UU. nos perciben como país en conflicto presa del narcotráfico, donde matan a los directivos sindicales. Así las cosas, no importa si gana Obama o Romney; ninguno de ellos nos tratará sin prevenciones. ¿Cuándo saldremos de esta guerra de la coca que hace tanto daño?

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