Los pies en la tierra

Octubre 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Colombia es rica en recursos naturales. Su población es creativa, trabajadora y abierta al cambio. Sin embargo, no todo es positivo: tiene elevados indicadores de violencia y desigualdad, su productividad es de las más bajas de Latinoamérica, y su sistema educativo es deficiente en comparación con los de otros países de desarrollo similar. Además vive desde hace cuatro décadas la guerra de la coca, por cuenta de la prohibición del consumo del alcaloide en los países desarrollados. Aunque el Estado está bien fundamentado en teoría sobre el Estado Social de Derecho, en la práctica las instituciones públicas no son eficaces: vive los problemas del régimen presidencial, atado a una persona, el procedimiento para formación y operación del legislador promueve la corrupción, la justicia no es independiente y además es ineficiente, los sistemas de control no siguen criterios lógicos, el Estado no tiene el monopolio del poder en buena parte del territorio, incluidas las barriadas de las ciudades, la mitad del empleo es informal, no hay autonomía regional para decisiones de inversión a pesar de la intención manifiesta de la Asamblea Constituyente, y los logros en servicios de salud están amenazados. En los últimos lustros los gobiernos han orientado la economía hacia un esquema extractivo, que llevó las exportaciones de petróleo y carbón a participar en setenta por ciento de las exportaciones totales en 2013, y resultó en aumento de cincuenta por ciento en los ingresos corrientes de la Nación entre 2010 y 2014, pero no ha creado oportunidades de desarrollo sostenible para el grueso de la población y ahora, con precios inferiores a la mitad de lo que eran hasta finales de 2014, conduce a crisis fiscal y estancamiento de la economía.El mal diseño de las instituciones se refleja en niveles de corrupción intolerables y en pésima calidad del gasto, lo cual conspira contra la posibilidad de un futuro mejor. La debilidad de lo público, ausente en la periferia del país, creó espacios para la guerrilla de retórica Marxista Leninista, que existe desde hace más de medio siglo y se ha involucrado en la cadena de valor de los estupefacientes. Ahora sorprende que el gobierno de Estados Unidos, la Unión Europea, el Vaticano y el gobierno de Noruega hagan fuerza para que se desarticule el actor menos sanguinario y más ordenado entre los enemigos en la guerra de la coca. Se aduce que respaldan en forma ingenua un modelo castro chavista de gobierno. Todos estos miembros de la comunidad internacional nos ven como somos, y no como nos creemos. Su propósito no es del todo altruista, pero no se debe desestimar su punto de vista. ¿Podremos vernos como somos?

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