Legalizar el consumo

Legalizar el consumo

Agosto 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Legalizar el consumo de estupefacientes en los países de alto ingreso per cápita, como EE. UU. y Europa Occidental, es necesario para normalizar la institucionalidad en Colombia y México, y evitar que la guerra que adelantan los narcotraficantes para tomarse a Honduras desemboque en otra narcocracia, como Myanmar, en Asia. El vicepresidente de EE. UU., Joseph Biden, ha sostenido que los problemas de la justicia que motivaron el Plan Colombia ya se arreglaron, y es hora de ayudar a Honduras, Salvador y Guatemala. Olvida que la guerra en Afganistán también tiene raíz en la prohibición, en este caso del consumo de heroína. Estados Unidos ha olvidado las épocas de la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas, con el consiguiente auge de la mafia italiana en las grandes ciudades y la proliferación de toda clase de delitos alimentados por el margen extraordinario resultado de los elevados precios de lo prohibido. También ha desestimado el costo social de alimentar la mafia rusa en el sur de Florida, cuyas habilidades para el lavado de activos y para la gestión logística de la coca entre América y Europa por la vía de África Occidental son conocidas. Cree que prohibir es la forma más eficiente de proteger a la juventud frente al riesgo de la adicción. Sin embargo, la legalización de la marihuana para propósitos recreativos, y no solo medicinales, en Colorado ofrece elementos para sacar conclusiones. Mucho se ha exagerado sobre los beneficios económicos de la liberalización para ese estado mientras allá sea lícito y en otras partes no lo sea. En un tiempo se verán más bien los beneficios de vivir en una sociedad sin tantos tapujos, capaz de abordar los problemas médicos por caminos diferentes del Código Penal: el consumo de droga no se acaba a pesar de que la población carcelaria de EE. UU. es hoy una proporción alarmante de la población total, casi 1 %, como consecuencia de la guerra contra las drogas que declaró en 1971 Richard Nixon. Se sabe que el organismo humano tiene inclinación a los estados alterados de conciencia. Ella induce el cultivo de las gratas sensaciones derivadas de la intoxicación con cerveza, vino, bebidas alcohólicas destiladas, y toda clase de estupefacientes. Los niños giran alrededor de su cuerpo para buscar sensaciones gratas, quizás similares a las producidas por la ingesta de etanol. Pelear contra la naturaleza es poco eficiente. El camino más práctico es lograr que académicos destacados de EE. UU., de sesgo conservador para que la ideología no sea fuente de discusión, declaren que el costo social para su país derivado de la prohibición de los estupefacientes es mayor que el beneficio, y que en los países de Centroamérica y los bolivarianos el costo institucional de la prohibición es aterrador: incluye la guerra de la coca en Colombia, cuyo actor más ordenado y menos sanguinario es la antigua guerrilla comunista de las Farc. Nuestro Gobierno debe liderar esa gestión. ¿Qué perdería?

VER COMENTARIOS
Columnistas