La salud está en peligro

La salud está en peligro

Abril 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

La salud está en peligro. El servicio nacional, que cobija a casi todos los habitantes de Colombia, puede no ser sostenible. La suma de los recursos que aportan quienes pertenecen al régimen contributivo y los que destina el Estado no va a alcanzar para pagar el costo total del sistema porque cerca de sesenta por ciento de la población está en régimen subsidiado. Entre tanto, las Empresas Promotoras de Salud creen que su oficio es cobrar y recaudar lo debido, y evitar el pago de lo indebido. Se omite, en general, la tarea central: prevenir enfermedades y promover la salud con seguimiento proactivo a afiliados cuyos indicadores se desvíen de lo razonable. Aunque parezca intromisión en la vida de los particulares, la lógica del sistema de salud se fundamenta en la relación ordenada y permanente de los habitantes con la red de servicios de las empresas promotoras. Esta red debe detectar posibles problemas en la población desde sus unidades de baja complejidad; para ello su equipo profesional debe estudiar las variaciones en los indicadores de salud que se escojan, con fundamento en conocimiento científico. Las empresas promotoras deben, pues, tener herramientas apropiadas para hacer seguimiento a grandes poblaciones. La primera es la información sobre la historia clínica de la persona. Por ello no aciertan quienes combaten la integración vertical, hacia la propiedad de Instituciones Prestadoras de Servicios por parte de las empresas promotoras: los puntos de atención son también los sitios donde se obtiene la información. El sustento ético de todo es muy simple: para obtener el beneficio de la cobertura se requiere solidaridad con el resto de la población, a través del cuidado del respectivo cuerpo. De lo contrario, no alcanzará el dinero para atender a todos, pues los costos de atenciones médicas crecen mucho más rápido que la inflación prevalente en el mundo entero, a medida que la ciencia y la tecnología evolucionan para ofrecer nuevas soluciones, con precios crecientes. Aunque cabría la opción de renunciar al servicio, no cuidar el propio organismo y no aportar, no es claro que sea correcto abandonar a quien no quiso participar: el derecho a la vida es un derecho fundamental. Por consiguiente, para hacer sostenible el servicio es preciso apelar a técnicas seductoras, y con ellas crear conciencia de la importancia del cuidado del cuerpo. Las cuentas obligan a actuar: a medida que se envejece aumentan el costo de cada individuo y la proporción de población improductiva, por estar en fase preparatoria o por alcanzar fase de retiro. Hay vientos de estancamiento económico y limitación fiscal. ¿Estamos preparados para compartir el costo de vivir?Sigue en Facebook Gustavo Moreno-Montalvo

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