La Policía se perdió en el camino

La Policía se perdió en el camino

Junio 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

La policía existe para proveer seguridad, salubridad y tranquilidad a todos los habitantes del país. Le corresponde papel crucial en el ejercicio del monopolio del poder por el Estado. En Colombia es del orden nacional, por tratarse de un país unitario. Sin embargo, su esquema de administración no guarda correspondencia con el ordenamiento territorial del país. Así, en Cali hay comandante de la policía metropolitana con responsabilidad en municipios adyacentes, a pesar de que la ciudad no ha formalizado relación metropolitana con sus vecinos, y este comandante no está subordinado al departamental.La policía hace parte de las fuerzas armadas, cuya labor, en teoría, es defender el ejercicio de la soberanía por las instituciones públicas en el territorio nacional. El examen cuidadoso de los respectivos objetivos pone en evidencia la inconveniencia de que la policía esté adscrita al Ministerio de Defensa, y mucho se ha hablado de este asunto en las últimas décadas, pero no se ha concretado nada, quizá porque el desorden institucional en Colombia hace que todo cambio pueda tener repercusiones imprevisibles y fatales.La policía nacional vive una época difícil. Es preciso arreglarla. No es primera vez. En 1948 parte de ella incluso se sumó al desorden desatado por el asesinato del gran líder popular Jorge Eliécer Gaitán. El desprestigio por la divulgación de prácticas inaceptables y por los pésimos resultados obliga a repasar cómo debe funcionar. Debe cumplir propósitos medibles. Colombia tiene elevadísimos indicadores de delincuencia, amenazas ambientales colosales por la minería ilegal, ausencia de ejercicio de autoridad en sus urbes en materia de ruido, y extorsión creciente. En Cali se cierra la carrera primera en la noche para proteger la sede de la policía. Además se rota con mucha frecuencia al comandante metropolitano, con la consiguiente inestabilidad en estrategias. En los municipios pobres la ineficacia es mucho mayor. La percepción ciudadana sobre el papel de la autoridad municipal conlleva que en la práctica el alcalde asuma autoridad funcional sobre la policía en su territorio. Eso aumenta la ineficacia. Además la institución no puede cumplir su papel porque tiene espíritu de cuerpo distorsionado, en parte por la importante participación de grupos familiares en su conformación. Esa distorsión le impide ver que su desempeño es inaceptable, y que debe cambiar su esquema de gestión de forma radical, montarse en la tecnología del siglo veintiuno, y organizarse de manera inteligente para planear, ejecutar y controlar el trabajo de sus miembros. El asunto no es de patriotismo sino de profesionalismo. ¿Estará claro?Sigue en Facebook Gustavo Moreno

VER COMENTARIOS
Columnistas