La patria así se forma…

La patria así se forma…

Enero 25, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

La Patria así se forma, Termópilas brotando, escribió el estadista liberal Rafael Núñez en un poema abigarrado que es el himno nacional de Colombia. Alude a la batalla en la que trescientos espartanos detuvieron el avance de los persas en fallida invasión a Grecia, quinientos años antes de Cristo. Todos los espartanos murieron pero el perjuicio a la causa persa fue enorme. Hoy el mayor enemigo de Colombia no son las Farc ni los carteles de la coca y las bandas criminales, sino sus propias instituciones, que promueven y facilitan la invasión de lo público por particulares. Hay que detenerlos, pero no es necesario morir en el intento. Basta reconocer lo obvio y actuar como ciudadanos responsables.No es lógico emocionarse con esta Patria: el Congreso se deja comprar por los gobiernos con puestos y contratos. Los políticos profesionales no asumen responsabilidad alguna en el resultado. La justicia es lenta y la conducta de miembros de la Corte Constitucional está en entredicho. No hay autonomía para las regiones: el éxito de gobernadores y alcaldes radica en lograr que los mandos medios del gobierno central les aprueben sus proyecticos. No hay estrategias de desarrollo social y económico de largo plazo ni partidos políticos de verdad, que formulen propuestas, vigilen la gestión y canalicen los recursos para la financiación de campañas políticas de manera ordenada y transparente. Quienes administran no evalúan la conducta de sus subordinados para la aplicación del régimen disciplinario. Nuestra constitución tiene el firme propósito de defender los derechos humanos, pero toleramos el castigo corporal con látigo en los procesos judiciales de algunas comunidades.Estamos organizados como país del cuarto mundo. Nos hacemos la ilusión de poder llegar a ser un país próspero y menos desigual, pero nuestras instituciones lo impiden. Si nos organizáramos bien, conservando lo bueno pero de manera que se pueda aprovechar, y cambiando lo que debemos cambiar, podríamos tener crecimiento económico muy rápido por varios años consecutivos, con menos esfuerzo y mejor calidad de vida. Las instituciones no aseguran resultados pero los facilitan, y la brecha entre lo posible y lo real en Colombia es inmensa.Alberto Zalamea se negó a firmar la Constitución de 1991. Pensamos todos que buscaba notoriedad. Hoy debemos reconocer que tenía razón. La Constitución llerista de 1968 que cambiamos en 1991, a pesar de su centralismo, que la Asamblea de la séptima papeleta consolidó, era menos inadecuada que la actual. Dolerá convencernos de que la Carta es grave obstáculo, pero no reconocer la verdad puede ser muy costoso. ¿Estamos preparados para el cambio?

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