La importancia de la JEP

Mayo 15, 2017 - 12:46 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

La Justicia Especial de Paz es importante porque de su desempeño va a depender en buena parte la eficacia del cumplimiento de los acuerdos celebrados en La Habana, entre el gobierno de Colombia y las Farc. Como se recordará, los acuerdos no fueron aprobados en referendo, y las partes hicieron algunos ajustes, el gobierno los sometió al Congreso, y fueron elevados a la categoría de norma constitucional, lo cual no ayuda a hacer justicia, porque su redacción no es la propia de una norma, que debe ser clara, y su texto debe tener en cuenta el resto del marco normativo, para interpretar los hechos de manera congruente. Es cierto que las normas de Colombia son de mala calidad, porque los procesos institucionales no facilitan la selección de buenos legisladores y jueces, pero sería muy grave para la sociedad colombiana que quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad, no tengan castigo, así aduzcan móviles políticos e incluso, sean los autores de normas futuras.

Los acuerdos son extensos y verbosos; en los asuntos agrarios usan un lenguaje desueto, como si el campo colombiano tuviera como perspectiva minifundios cultivados con azadón por ingenuos enamorados de la vida rural. Todo eso es tolerable. Lo inaceptable es que no haya justicia en la valoración de conductas horribles, porque eso puede dificultar la consolidación de los acuerdos y erosionar el prestigio presidencial. Es cierto que la justicia colombiana es de mala calidad, y que las normas penales y de procedimiento penal no son efectivas, como comprueba el elevado índice de 25 homicidios por cada cien mil habitantes, cuando en casi todo el mundo el índice es de un solo dígito. Es cierto que habría sido imposible la aceptación de la justicia ordinaria dentro del marco de las negociaciones, porque ella no imparte confianza; basta considerar que los autores de delitos de cuello blanco no tienen pena real, como evidencia la corta condena de casa por cárcel a los más destacados agentes del mercado de valores, que violaron la confianza de su institucionalidad, bien público invaluable, cuando un ladrón de gallina va a una cárcel sobrepoblada, donde es sometido a toda clase de oprobios.

La Justicia Especial de Paz debe ser del más alto nivel profesional. No tiene que ser colombiana: debería contar con lo mejor de las ciencias jurídicas del mundo. Se trata de juzgar a un enemigo que ha aceptado reincorporarse a nuestras instituciones, y deben intervenir elementos técnicos superiores a los ofrecidos por nuestro marco jurídico. Ello es imposible si el procedimiento para escoger las personas de la JEP no es de buena calidad. Los acuerdos son imprecisos en esta materia. ¿Habrá derecho?

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