¿Habrá paz en Colombia?

Octubre 12, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Lograr paz duradera depende de todos. Concertar y comprometernos con un país diferente, con instituciones sanas y espacio para el desarrollo social y económico. Ahora hay elementos adversos. Preocupa la distribución del ingreso, una de las más desiguales en el mundo. En 2011 se cambió la metodología para definir la pobreza, por lo cual la proporción de pobres se redujo según estadísticas oficiales, pero la realidad no cambió. La clase media ha crecido en los 10 últimos años, pero no alcanza a ser la tercera parte de la población, y la alta, propietaria del capital, es muy pequeña. Es grave la escasez de oportunidades para progresar, causa de la alta participación del trabajo informal en la población económicamente activa, más de la tercera parte, que augura más pobreza a medida que la población sin ahorro pensional envejezca. El mayor problema es la debilidad de lo público, que permitió la explosión del narcotráfico y cedió el monopolio del poder coercitivo a fuerzas irregulares, unas con discurso de izquierda y otras menos estructuradas y pobres en retórica. Es difícil estimar el impacto real del narcotráfico en nuestra sociedad e instituciones. Lo cierto es que se invirtió capital político en buscar un acuerdo con las Farc, pero no se ha avanzado en la atención a las necesidades de integración de las zonas que la guerrilla controla, en vías, educación, servicios públicos, justicia y orden. Aunque el área cultivada de coca ha disminuido, según Estados Unidos, sigue siendo inmensa la importancia del narcotráfico en zonas que pueden ser la cuarta parte del país. Además hoy es más compleja y poderosa la cadena internacional que atiende el suministro de cocaína y heroína en los mercados de los países desarrollados.Con un Estado mal armado, un legislador sin dirección por falta de verdaderos partidos políticos, altas cortes sin independencia, responsabilidad por el control diluida entre quien administra y unos órganos sueltos, ausencia de autonomía regional, ¿quién puede salvarnos de la violencia? Solo nosotros mismos. El primer paso es aceptar la gravedad de la situación, y conocer y aprovechar las oportunidades que el país ofrecería si se organiza mejor. Se puede hacer el cambio, pero requiere esfuerzo adicional. Las circunstancias exigen instituciones públicas diferentes, afinar los valores que iluminan la conducta de los colombianos, promover el diálogo sobre el país que queremos, y trabajar, trabajar y trabajar. El reto para quienes pueden guiarnos en el camino es inmenso. Hay una regla clara: no necesitamos un Mesías, sino aprender a actuar como un equipo de 45 millones de personas con derecho a discrepar. El tiempo pasa. ¿Queremos la paz, o preferimos la guerra y la zozobra?

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