Fútbol y negocios

Diciembre 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El pueblo soberano pide pan y circo desde los romanos, y seguro desde antes. El fútbol es vehículo perfecto para declarar pertenencia y compartir sentimientos. Se sufre y se goza en asocio con personas con quienes no se comparte nada más. Está demostrado que los señores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia siguen el desempeño de la selección Colombia y se emocionan con ella. Suele haber identificación con una divisa en comunidades fracturadas. El impacto de la publicidad asociada al fútbol permite que sus astros ganen millones de dólares por el solo hecho de recomendar productos y servicios específicos, y además otros millones de dólares por su contrato de trabajo.El fútbol es, por su importancia para el público en todo el planeta, oportunidad para que los directivos hagan negocios y fortuna. La dimensión del negocio es suficiente para ameritar la atención de empresarios importantes, como los Agnelli, principales accionistas de Fiat Chrysler y de Juventus, equipo de Turín, muchas veces campeón de Italia, en el cual hoy milita como suplente Juan Guillermo Cuadrado, mediocampista titular de nuestra selección.Está bien que el fútbol sea negocio para los dueños de los equipos, su cuerpo técnico y sus jugadores. Viven de ofrecer entretenimiento. Sin embargo, por su importancia simbólica y cultural, mayor que su valor financiero, los principales deportes deben tener un marco institucional apropiado, con reglas que eviten los abusos, protejan el espectáculo y mitiguen los riesgos físicos para jugadores y espectadores. Al fin y al cabo, se trata de negocios de competencia imperfecta: es prácticamente imposible desplazar los sentimientos de una población de un equipo a otro, como evidencia América de Cali, incluido en la lista de los diez que producen superávit en Colombia, a pesar de no salir de la segunda división. Hay que asegurar conductas apropiadas de los empresarios, porque el contrato entre ellos y los aficionados es asimétrico: los dueños y los ejecutivos siempre tienen más información sobre el asunto que los aficionados. Además se debe aprovechar la identificación deportiva como mecanismo para el cultivo del espíritu de solidaridad en la población; el deporte puede ser vehículo para la educación de los pueblos.La conducta de los directivos mundiales es mal ejemplo para la comunidad. El trabajo como directivo no tiene mucho control, pero esa circunstancia precisamente conlleva la responsabilidad de obrar con honor, por convicción. Luis Bedoya nos debe resarcir a todos los colombianos, porque asumió responsabilidades en representación de todos nosotros. Algo parecido sucede con las instituciones públicas. ¿Debemos resignarnos?

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