¿Estrategia de desarrollo?

Agosto 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Es evidente la conveniencia de aprovechar los recursos no renovables para impulsar el desarrollo sostenible. En contraste, no es acertado usar mal los beneficios derivados de vender estos recursos, en actividades improductivas o insostenibles, como regalar viviendas o no exigir trabajo en contraprestación por recibir recursos en programas como Familias en Acción. No tiene sentido acabar con la industria y la agricultura con una tasa de cambio revaluada, pues ella no refleja mejoras en la productividad relativa del país. Tampoco es lógico hacer gasto en estudios innecesarios o en puestos improductivos. El gasto público debe producir efectos positivos de carácter permanente. Por esta razón, quizás la determinación más inaceptable de épocas recientes en estrategia de desarrollo fue cambiar el criterio de los académicos por la opinión de los gobernadores para asignar recursos con destino a la innovación y la construcción de conocimiento. Los países pobres tienen la obligación de hacer buen uso de recursos transitorios. La bonanza petrolera puede ser breve; es probable que Estados Unidos aproveche, mediante fracturación hidráulica, sus depósitos de crudo entre las rocas, para volverse de nuevo el primer productor mundial, y en 20 años el primer exportador. Es bueno aprovechar el pájaro en mano, pero no solo para recibir dinero sino para usarlo bien. Los aciertos de Santos, cuya probabilidad de reelección excede 50%, son convenientes para todos. Por ende, el objetivo no debe ser criticar sino proponer de forma constructiva. El asunto no se resuelve, como de manera ingenua ha recomendado el más importante economista de la patria, José Antonio Ocampo, mediante la creación de un Ministerio de Industria, que neutralice el torpe frenesí aperturista. Es evidente que la industria no tiene perspectiva en sus actuales circunstancias, por la tasa de cambio, por la debilidad de la infraestructura y por la precariedad del conocimiento nacional. El problema no se resuelve con burocracia, sino con convicción. El desarrollo sostenible requiere cambio permanente, apuntalado en el cultivo del saber para producir cosas más complejas y originales en subsectores con ventajas comparativas. Todo esto requiere universidades de verdad, alianzas entre ellas y la industria, gestión ejemplar en las empresas, y marcos de referencia estables. No se entiende cómo los sectores que hace años iban a ser “de clase mundial” enfrenten dificultades serias para sobrevivir. Si la industria sigue en declive, nuestro futuro se limitará a ofrecer servicios. Aunque la actividad hotelera y la bancaria son importantes, no serán suficientes para sostener a 50 millones de personas. Llegó la hora de definir curso de acción. El Presidente estará solo para tomar decisiones, si es que detecta la necesidad. El país requiere que acierte. ¿Tendrá la disposición?

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