¡Es intolerable!

Octubre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Es absurdo que los legisladores inviertan del orden de dos o tres mil millones de pesos en campañas políticas para devengar trescientos millones anuales durante cuatro años, de los cuales deben deducir los aportes a seguridad social y los gastos adicionales derivados de ejercer el cargo en Bogotá y mantener al tiempo residencia en provincia. La causa de esta sinrazón es el diseño de las instituciones públicas, que en la práctica convierte a los congresistas en empresas unipersonales con objetivos electorales. Esta circunstancia es inmoral y viola el objetivo constitucional de construir el Estado Social de Derecho. La Carta establece que corresponde al Congreso hacer las leyes, asignación que se subvierte de manera sistemática con el argumento de que las cosas son complejas, por lo cual la iniciativa se le cede a la rama administrativa del poder público. Así, el gobierno de turno inventa nuevas normas para cumplir objetivos de corto plazo y logra la anuencia de la bancada vinculada con contratos y puestos. Según Claudia López, senadora que declara frustración con la forma de conducirse las cosas en el Congreso, ni siquiera hay quórum sin incentivos, pero una vez que ellos se otorgan nada detiene la poderosa maquinaria oficial para lograr sus objetivos.No hay partidos políticos de verdad en Colombia. No hay, pues, compromisos con propuestas serias de largo plazo y políticas de Estado que desborden el período del gobierno de turno. Es cierto que en todo el mundo las instituciones públicas cojean, pero el caso de nuestro país es vergonzoso. Como consecuencia, en vez de estrategias de desarrollo social y económico hay regalos populistas, con escasa incidencia en la productividad, de las más bajas de Latinoamérica, y gasto no sostenible. No se cuestionan los procesos públicos a pesar de su evidente desgreño. No produce angustia que el Legislador y la Justicia estén en lo más bajo de la lista de calificaciones según la confianza que las respectivas instituciones inspiran, y que el Ejército, incapaz de ganar la guerra de la coca, esté en lo alto de la lista, con la iglesia de Roma, cuyos recintos viven casi vacíos. Los aspirantes a liderar el país sueñan con el solio de Bolívar y no se atreven a poner en tela de juicio el régimen presidencial, aunque el único país desarrollado donde lo hay es Estados Unidos, cuya democracia es hoy asunto de manejo de medios.La posmodernidad es compleja, y los retos de clima, desigualdad, riesgos cibernéticos y nucleares exigen preparación adecuada. Colombia, como otros países de Latinoamérica, parece no temer las dilaciones. Vienen épocas difíciles por la reducción en el precio del petróleo. ¿Enfrentaremos nuestra realidad?Sigue en Facebook Gustavo Moreno

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