Enemigos

Enemigos

Noviembre 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Quien se opone a nuestros propósitos y está dispuesto a usar cualquier herramienta para lograr su designio es nuestro enemigo. La condición de enemigo es propia, aunque no exclusiva, de la guerra. En Colombia vivimos la guerra de la coca desde hace muchos años. Se fortaleció con la necesidad de personas con recursos económicos para consumir estupefacientes en muchas partes del mundo y nuestra ubicación estratégica para atender esos mercados, la laxitud de los gobiernos frente al tráfico de estupefacientes hace cuarenta años, y las fisuras sociales que el narcotráfico encontró, fruto de la desigualdad de ingresos y oportunidades, y la ineficacia de las instituciones públicas. El país ya no es ese mundo campesino de 1964, cuando se fundaron las FARC, pero ese ejército y otros que también surgieron en busca de reivindicaciones se transformaron en eslabones de la cadena de valor del narcotráfico. También se organizaron las Autodefensas de Córdoba y Urabá, los Rastrojos y otras bandas criminales con pretensiones de control territorial, y los diversos carteles urbanos que han participado en el negocio. Todos ellos, siendo parte de nosotros, son también nuestros enemigos. Matan. Además han permeado las instituciones políticas en todos los niveles, incidido en el proceso corruptor de nuestra administración pública y usado recursos públicos para su beneficio.Estos enemigos internos abarcan todo el espectro ideológico, al menos en retórica, aunque en últimas tienen una vida de negocios combinados con coerción y violencia. La guerra lleva muchos años y el negocio no parece acabarse. Hay pugna por los corredores a través de los cuales se transporta el preciado material que provee los ingresos con los cuales se financia la violencia. Si queremos tener la paz que anhelamos, no bastan nuevas estrategias militares. Debemos vincular a intelectuales y académicos del más alto nivel en todo el mundo para crear conciencia en todas partes del impacto del consumo y de su prohibición para países como Colombia. Hay que prevenir recurrencia, para lo cual se requiere presencia del estado y su poder coercitivo en todo el territorio. Es preciso asegurar a las cúpulas de las organizaciones enemigas una solución para su situación individual, fuera de Colombia. De lo contrario no negociarán. Hay que castigar los más extremos casos de violación de derechos fundamentales por el enemigo, para ejemplificar y así, en alguna medida, disuadir futuras recurrencias, pero será preciso admitir alguna impunidad, porque ni las autodefensas ni la guerrilla pasarían el más elemental examen en materia de respeto a los derechos humanos en su conducta pasada. Sus bases están formadas por gente joven que no tiene una mejor perspectiva, porque el proceso de desarrollo de Colombia no ha sido eficaz. No son muy distintas de las bases que conforman nuestro ejército. Son colombianos, como el resto de nosotros, víctimas de la tragedia del desarrollo desigual e insuficiente. ¿Es ese nuestro enemigo?

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