El último medio siglo

Abril 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Como otros de América Latina, Colombia se volvió país urbano y alfabeto en el último medio siglo, pero no logró superar los problemas de pobreza y desigualdad. Tras la caída del dictador Rojas en 1957 hubo un plebiscito y tres cambios constitucionales: el de Lleras Restrepo en 1968, centralista y tecnocrático, la elección popular de alcaldes, y la Constitución de 1991, llena de buenas intenciones, que produjo pésimos procesos para la atención de funciones públicas esenciales. Son fatales la formación y gestión del legislador y de la rama judicial, en entredicho permanente, pero sin perspectiva de arreglo, porque corresponde hacerlo al Congreso, cuyos miembros podrían perder privilegios si aprobaran cambios con los cuales el país ganaría.En síntesis, el balance del país en cincuenta años no es muy bueno, y la situación actual preocupante: los indicadores económicos sitúan a departamentos donde se produce petróleo, como Casanare y Arauca, entre los de más alto ingreso per cápita, en tanto que el Valle del Cauca ha perdido posiciones. Hace cuarenta años su ingreso per cápita excedía el promedio nacional en aproximadamente 40 %, y hoy a duras penas se acerca al promedio. Su población no aumenta, a pesar de la migración de otros departamentos de la costa pacífica a Buenaventura y de ahí al interior; quizás esto indica escasez de oportunidades.El problema tiene diversas causas. El país cambió de estrategia de desarrollo, lo cual perjudicó en particular a esta región, donde había industria con protección elevada que generaba empleo y semillas de conocimiento. La variación de la tasa de cambio en los últimos diez años ha postrado al sector manufacturero. La guerra de la coca ha sido cruel con el suroccidente de Colombia durante el último cuarto de siglo. Sin embargo, lo más grave es el escaso diálogo entre lo público y lo privado para formular y ejecutar una estrategia de desarrollo regional, que aproveche las ventajas comparativas derivadas de la ubicación privilegiada, con acceso al Pacífico, y del clima maravilloso de nuestro valle, que no valoramos. Es cierto que ha habido grandes desaciertos electorales, pero también es verdad que el sector privado no ha sido capaz de formular una visión compartida ni asociarse para materializarla. Hemos confundido la retórica con la acción, y hemos predicado el optimismo sin fundamento; por eso hablamos de acceder a la cuenca del Pacífico, pero no hemos logrado el compromiso del gobierno nacional con el imperativo de generar empleo masivo en Buenaventura, a pesar de que la pobreza y el desempleo del puerto permiten normas flexibles para la contratación laboral, atractivas para inversionistas chinos que quisieran aprovechar el tratado de libre comercio con Estados Unidos, que solo exige 35 % de valor agregado nacional.Los grandes cambios que el Valle requiere no son posibles sin método y disciplina. ¿Seremos capaces de asumir el reto?

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