El problema más serio

Mayo 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El problema más serio que hoy enfrenta el mundo, sin duda, es el calentamiento global. Ya se viven algunas de sus consecuencias. El asunto va más allá del impacto en la atmósfera, el desbordamiento de los mares y los extremos que se viven en materia de temperaturas. El abuso de los combustibles fósiles también vuelve ácidos los mares y, por ende, altera el balance de las especies que ellos contienen, al otorgar papel dominante a especies como las aguasmalas. Hace ya algún tiempo se reconoce que la acumulación en la atmósfera de más de 400 partes por millón de dióxido de carbono y la proliferación de metano emitido en buena proporción por los bovinos son preámbulo de catástrofes de proporciones inimaginables y que nuestra especie es la responsable directa. Sin embargo, los líderes de los países desarrollados limitan su papel a discretas declaraciones de preocupación, mientras los de países subdesarrollados les reprochan haber causado este desastre y ahora querer que todos asumamos cuota de sacrificio para evitar el colapso.Las instituciones públicas del mundo no están diseñadas para enfrentar la crisis ambiental. El mundo cuadruplicó su población durante el siglo XX, se urbanizó e impulsó sistemas de transporte y generación de electricidad con base en fuentes de energía no renovables y contaminantes en grado extremo. El consumo ha tenido, pues, una verdadera explosión, y la ilusión del progreso no ha tenido en cuenta sus verdaderos costos, pero la naturaleza no dejará de pasarnos la cuenta de cobro. Sin embargo, a quienes gobiernan solo les importa sostenerse. En algunos casos buscan, además, enriquecerse, como si el prestigio por una buena tarea no fuera camino suficiente a la seguridad económica. Así, los políticos profesionales no tienen en cuenta los objetivos de largo plazo de la humanidad, y no parece que los vayan a tener en cuenta mientras no se vuelvan de corto plazo. Ahora la noticia es que el asunto se volvió de inmediato futuro. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, solo hay un lapso breve, de 15 años, para cambiar las tendencias de manera que se estabilice el nivel de dióxido de carbono y metano en la atmósfera.No hay sendero seguro para el objetivo, por diversas razones. La principal es que cada país actúa como si fuera un mundo aparte, con fundamento en la hipótesis de que es soberano. Las dimensiones del problema ambiental ponen en tela de juicio la pertinencia de esta premisa y obligan a pensar, por primera vez que somos interdependientes pero nos hemos organizado para evitar asumir esta realidad. Si no actuamos con diligencia desde ya, no habrá futuro para el grueso de formas de vida en este planeta, y nuestra especie perecerá, porque tampoco alcanzará a abandonarlo en condiciones sostenibles. ¿Podremos tener fe en los políticos del mundo para que nos saquen de este apuro?

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