El nombre del Valle

El nombre del Valle

Octubre 01, 2017 - 11:35 p.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El nombre del departamento del Valle del Cauca no es acertado hoy. Tenía sentido en 1910, cuando se desmembró el Cauca Grande, cuyo alcance original comprendía desde Chocó hasta Nariño. En ese momento la población total del actual departamento sumaba poco más de doscientas mil personas, en tanto que hoy tiene cerca de cinco millones, de los cuales sesenta por ciento habita en los municipios de Cali, Yumbo y Jamundí.

En el momento de crearse el nuevo ente territorial no era muy relevante la orientación al Pacífico: Cali era cruce de caminos pero Buenaventura quedaba muy lejos y el comercio internacional de Colombia era muy limitado. La inauguración de la línea férrea entre las dos ciudades en 1915 cambió las cosas: convirtió a Cali en vínculo natural entre el mundo exterior y el centro de Colombia.

El país a comienzos del Siglo XX tenía menos de cinco millones de personas. Era muy pobre; en 1902 terminó la Guerra de los Mil Días, que dejó el territorio devastado. La infraestructura era precaria: la topografía andina hacía muy difícil la comunicación del interior con la Costa Caribe. En consecuencia, Cali cobró gran importancia con el ferrocarril en la logística nacional.

Hoy el nombre, alusivo al valle medio del río Cauca, es excluyente: no refleja la composición multiétnica: los habitantes de municipios asentados en las cordilleras tienen raíces en la colonización antioqueña, en tanto que la Costa Pacífica, casi toda selva húmeda tropical, está poblada por afrodescendientes en proporción abrumadora.

La comarca no ha abordado el reto de insertar a Colombia en la cuenca del Pacífico, eje de la economía mundial hoy: Estados Unidos es la mayor economía entre los países del mundo, China la segunda, Japón la tercera, y Corea del Sur y Canadá están entre las diez primeras. La importancia del tráfico intercontinental ha aumentado en forma dramática por la reducción en los costos del transporte transoceánico en el último medio siglo.

Sería apenas apropiado que la región se orientara al mundo exterior en comercio, industria, servicios, cultural y, sobre todo, visión. No solo se necesita el aprendizaje del inglés y del mandarín: hay que resolver los problemas de infraestructura en general en Cali y Buenaventura. El impulso al proceso para aumentar del ingreso per cápita de Buenaventura, hoy de cuarto mundo, al promedio actual de Colombia en veinte años desborda las posibilidades de la industria nacional. Hay que traer inversión china en la ciudad puerto, bajo el amparo de la Ley 218, de Zonas Económicas Especiales de Exportación, y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

Si Barranquilla es capital del Atlántico, Cali debe ser capital del Pacífico. Colombia debe tener lazos comerciales importantes con los países de la cuenca, y la región debe orientar su estrategia de desarrollo hacia allá, con apoyo a los clúster identificados por la Cámara de Comercio de Cali, educación para aprovechar sus ventajas comparativas, y capacidad para acoger a extranjeros que valoren biodiversidad, servicios médicos buenos y baratos, y el clima del valle medio del río Cauca, ideal para practicar deportes al aire libre todo el año. ¿Se necesita más?

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