El mundo hoy

Noviembre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Ocurren muchas transformaciones en el mundo. El concepto de patria, que alude a vidas idealizadas de nuestros predecesores, cuyo ejemplo sería referente de conducta para labrar una comunidad con valores acertados, está en crisis. No son claros los asideros a un territorio y un vínculo jurídico específicos en la sociedad. Caben afiliaciones simultáneas a varios estados y selección entre ellos para diversos propósitos. La enorme movilidad del capital internacional erosiona la eficacia de la política económica y social de los Estados. Hay, además diferentes linderos en materia monetaria, fiscal y judicial. Aunque subsisten serios obstáculos institucionales para el desplazamiento del trabajo, ellos son cada vez más frágiles. Las comunicaciones en la sociedad no conocen frontera. La gestión del conocimiento es decisiva para la canalización de la materia y la energía hacia diversos productos y servicios, que permiten la vida humana en cantidades antes impensables, y ahora en mayoría urbana.En este mundo integrado es necesaria mayor autonomía de la región para definir y materializar estrategia de desarrollo, y así competir con otras localidades en la malla de la globalidad. La opción vocacional de la comunidad local incide en la educación y en las formas de convivencia. Cambia en el tiempo, con la evolución de la tecnología y las necesidades percibidas. Las ciudades Estados, agentes en la gran competencia planetaria por el bienestar de quienes las habitan, deben tener mayor decir en los usos de los dineros públicos, en contraposición a la determinación por el Estado central recaudador. En lo local, donde las implicaciones de convivencia y la necesidad de compartir recursos se hacen explícitos, se vive de forma más directa el concepto de acción colectiva.Hacia adelante el reto de lograr sostenibilidad en el planeta trasciende la discusión entre izquierda y derecha y se impone como valor universal, pues el uso de los recursos se acerca a la saturación y amenaza el ambiente, pero la misma diversidad cultural y la consolidación de sistemas fundamentalistas y religiosos impiden lograr acuerdos para reconocer un conjunto único de derechos humanos. Las amenazas al propósito de armonía mutan, pero no desaparecen. Lo público es más frágil en la sociedad globalizada si no se lo protege con buenos diseños institucionales, fundados en la convivencia y en la equidad. Colombia debe hacer un esfuerzo para ponerse a tono con los retos de las circunstancias que enfrenta la humanidad. Es preciso rechazar la intolerancia, la violencia y la corrupción. Quienes no aceptan la diversidad de criterios ni respetan el interés general destruyen valor social. Solo a ellos, a quienes no aceptan reglas básicas de convivencia se puede desestimar. Todos tenemos un pedacito de la verdad. ¿Aprenderemos a escuchar?

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