El fútbol no tiene acogida

El fútbol no tiene acogida

Agosto 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El fútbol no tiene mayor acogida en los países más poblados del mundo: China e India. A pesar de sus gracias naturales, es muy difícil posicionarlo en esos mercados donde no tiene raíz, porque el número de goles por partido es más bien escaso. No se olvide que meterlos es el objetivo. Pese a la información desorientadora de la Fifa, en el último campeonato mundial muchos partidos requirieron prórroga porque terminaron empatados cero a cero en el tiempo normal, y varios se definieron por disparos desde las dieciocho yardas. Compárese el número promedio de goles por partido del mundial con los de la liga inglesa en los años treinta, cuando la estatura, velocidad y habilidad de los jugadores aun correspondía a las de la época en que se escribieron las normas hoy vigentes. Más preocupante es el hecho de que esas reglas son benévolas con la violencia, tanto que la fortaleza de los jugadores ha aumentado en forma dramática y el impacto físico de los frecuentes choques es mucho mayor. Sería torpe no reconocerlo.El señor Blatter, cabeza visible de la rosca que controla el popular deporte, se preocupa por el mercado. Por eso incluso propuso alguna vez ampliar la portería para promover el gol, pero no perseveró en la batalla, porque el statu quo ofrecía suficiente espacio para robustecer las finanzas sin dar la pelea para mejorar el espectáculo. Frente al asunto de la violencia se hace el de la vista gorda, a pesar de la necesidad de que lo público sea coherente con el modelo de sociedad que se desea impulsar. La patada al contendor es cada vez más abundante, y las normas, al no evolucionar con la fisiología de los practicantes, la facilitan. El abogado palmireño Jaime Klahr ha propuesto con gran lucidez que toda falta conlleve pena máxima después de un número prudente, estimado por él en ocho faltas por tiempo. Esta magnífica fórmula se puede complementar con elementos orientados a hacer más alegre el asunto, sin exagerar el número de goles. Además de la propuesta de Blatter sobre la portería, se pueden relajar un poco las normas sobre fuera de lugar y estudiar la reducción en el número de jugadores, a diez. Lo único inmodificable es el tamaño de la cancha, porque la inversión para modificar lo existente sería inmensa frente al beneficio.Un abogado vinculado a la negociación de La Habana escuchó los argumentos expuestos y los encontró razonables. Recomendó hacer un ensayo piloto y evaluar el resultado. Este camino podría llevar a Colombia a la cima de la filosofía política mundial. A pesar de las limitaciones para persuadir a los consumidores de los dos mercados más numerosos, la magia del impulso a la pelota con los pies seduce a muchas personas, y puede ser punto de referencia para cambiar las reglas y las instituciones en otros asuntos de mayor importancia y alcance, como el cambio climático y el riesgo que pueden significar las armas de destrucción total. ¿Por qué no tratar?

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