El dinero no basta

Agosto 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El dinero no basta. Es importante frente a lo imprevisible, pero otros elementos son necesarios en esta vida: alegría, espacio para el desarrollo personal y armonía social. La declaración de independencia de Estados Unidos, la primera democracia liberal del mundo, enunció como ejemplos sobresalientes de derechos inalienables la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Muchos economistas rechazan la obsesión por el aumento del ingreso como propósito central de las políticas públicas; otros propósitos, como la buena salud y la posibilidad de disfrutar, son de igual o mayor importancia. Bután, pequeño país en los Himalayas, declaró que el propósito de sus instituciones es la felicidad de los habitantes. La angustia de lo cotidiano es obstáculo para la reflexión serena y la evaluación de la respectiva conducta en cada instante. Cada persona tiene su propia búsqueda en la gran aventura de la vida, pero la convergencia requiere una gran negociación para evitar incomodar a los demás. El proceso educativo debe buscar el aprendizaje de normas de convivencia y el cultivo de las inclinaciones personales. Sin embargo, en los últimos tiempos la acumulación de fortuna parece haberse vuelto el ideal prevalente, y se tiende a subestimar el placer de querer al prójimo con desprendimiento. El cambio en el clima es apenas un heraldo de nuevas consecuencias peligrosas de esta forma egoísta de pensar si no se reacciona con vigor; la discusión política no se puede limitar a restricciones para proteger el medio ambiente, necesarias aunque no suficientes para encontrar un camino diferente, que le abra espacios para el sentido a la vida. Por eso llama la atención que aflore en medio del individualismo desmedido de nuestro Macondo valluno la propuesta de quien encabeza la lista del Partido Verde para la Asamblea, Duvalier Sánchez, apadrinado por Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia, de promover una política de la felicidad para transformar a Colombia. El sendero es tortuoso y lleno de monstruos peligrosos, pero la perseverancia en los objetivos puede dar frutos importantes. No se trata de expropiar para repartir, sino de buscar las formas de convivencia que permitan conciliar la ciencia y la tecnología, que ofrecen bienestar para todos y espacios para la innovación, con la vida interior serena y reposada que derrota el egoísmo y pone a cada quien en la dimensión que le corresponde. No se trata de construir utopías, sino de aprovechar los elementos positivos de lo que existe para impulsar cambios rápidos en las direcciones apropiadas. Nuestro país, y departamento en particular, están llenos de oportunidades que las malas instituciones públicas impiden aprovechar. Podríamos prosperar todos con facilidad si nos propusiéramos mirar el mundo desde la perspectiva del prójimo, bajo la regla del respeto. Nadie se lleva el patrimonio a la tumba, pero de la vida dedicada a la construcción de la armonía queda el recuerdo. ¿Por qué no ensayar esta vía?

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