El año que viene

El año que viene

Diciembre 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El año que viene va a ser especial para Colombia: coincidirán la definición del proceso de negociación entre el gobierno y las Farc en La Habana y el estancamiento de la economía por el colapso del precio del petróleo. Habrá además cuestionamiento a la justicia por cuenta del proceso contra Jorge Pretelt, presidente de la Corte Constitucional. Los colombianos descubriremos que redujimos los indicadores puntuales de pobreza con los recursos del petróleo, pero no de manera sostenible, porque no se ha aumentado la capacidad de generar valor de los beneficiarios de subsidios, sino que se ha mantenido la práctica, impuesta por Uribe, de regalar el dinero sin la obligación para los beneficiarios de participar en programas efectivos de formación para el trabajo. Además tendremos la dolorosa decepción de entender que la inversión extranjera no ha confiado en Colombia sino en el petróleo, por lo cual el cambio de circunstancias la reducirá a una proporción muy pequeña de lo que ha sido. Los problemas fiscales serán colosales: para preservar el sofisma de la confianza inversionista se rebajará el impuesto a las sociedades, medida necesaria, pero no para atraer recursos foráneos, como reza el credo vigente desde Uribe, sino para evitar el colapso de las empresas nacionales por asfixia fiscal. Para cerrar la brecha se aumentará la cobertura y la tasa del impuesto al valor agregado, medida también necesaria por las circunstancias de las finanzas públicas, pero dura para las clases menos favorecidas en uno de los doce países más desiguales del mundo. Preocupa en especial que la falta de dinero frene la revolución impulsada por la actual Ministra de Educación. Ella ha puesto en marcha la solución más apropiada para los problemas más serios del país. Incluye educación desde los seis meses, manejo de la transición de pre escolar al ciclo básico, eliminación de la doble jornada y ampliación de la jornada a ocho horas, con el consiguiente aumento de necesidades de infraestructura, aseguramiento del acceso a la educación superior para estudiantes con gran potencial y más participación de los padres en el proceso educativo. No hay flor mala en ese ramillete. Se debe hacer lo que sea necesario para lograr su materialización rápida y efectiva.El año que viene habrá más discusiones sobre cómo cambiar la Constitución, porque los acuerdos de La Habana obligan a hacer ajustes transitorios. Es una buena oportunidad para repensar el país, cuyo sistema político está en crisis, sin partidos, corrupto hasta la médula, sin justicia independiente ni autonomía regional, todo por un pésimo diseño del Estado. ¿Por qué no aprovechar la oportunidad de pensar?

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