EE.UU y el TLC

Marzo 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

EE.UU fue la primera democracia liberal del mundo. Declaró independencia en 1776, y se organizó en 1787 bajo la Constitución que hoy rige, con estructura federal y régimen presidencial. Tras una cruenta guerra, con casi un millón de muertos, abolió la esclavitud en 1865. Sus instituciones políticas y la apertura de su cultura a lo práctico le permitieron convertirse en la economía más importante del mundo al comenzar el Siglo XX. Su ventaja económica al terminar la Segunda Guerra Mundial era abrumadora. Siempre tuvo una orientación hacia adentro, con un mercado doméstico muy importante. Sin embargo, su Gobierno ha impulsado el beneficio para sus empresas como elemento de su política internacional. Así, a principios del Siglo XIX su flota combatió la piratería en el Mediterráneo para proteger sus exportaciones. Sus reglas de comercio incluyen restricciones sanitarias arbitrarias para productos agrícolas. Contra la filosofía de libre comercio que promueve la Organización Mundial de Comercio, promueve acuerdos preferenciales bilaterales. Desde hace cinco años estaban para aprobación acuerdos con Colombia, país con industria diversificada pero frágil, y Panamá, sin mayor industria. En 2011, a raíz de que la industria automotriz de su país recuperó su competitividad, el Congreso de EE.UU ratificó el acuerdo con Corea del Sur, pendiente desde hace más o menos el mismo tiempo, y los otros dos recibieron la ratificación por añadidura.EE.UU es complejo. Tiene las mejores universidades del mundo, pero casi el 40% de su población adulta niega la evolución de las especies. Casi uno por ciento de su población total está tras las rejas, con una desproporcionada participación de afrodescendientes, la mitad de ellos por delitos relacionados con estupefacientes, a pesar de la amarga experiencia derivada de la prohibición del alcohol en los años 20. Su modelo de convivencia implica uso de energías no renovables en cantidades desmedidas. Sin embargo, es la tierra de la creatividad, la iniciativa individual y la innovación. Ha acogido y aprovechado el talento del tercer mundo. Esta apertura y la seguridad que ofrece al capital le han permitido a esa sociedad mantener su vigencia, a pesar de que consume más de lo que produce. Sigue siendo la primera potencia mundial.La información oficial en Intenet explica cómo EE.UU se beneficiará con el TLC al aumentar la competitividad de sus manufacturas. No sobra recordar que en la negociación original la influencia de la industria farmacéutica produjo un reconocimiento desmedido al régimen de patentes de EE.UU, por encima de los acuerdos internacionales relacionados con propiedad industrial. El Congreso de EE.UU, entonces controlado por el Partido Demócrata, en respuesta a gestiones lideradas por la Iglesia católica de Colombia, modificó el texto para permitir el uso razonable de medicinas genéricas cuando la inversión en el desarrollo de la fórmula original ya se ha amortizado, pues lo negociado por nuestro Gobierno nos condenaba a una medicina más cara. Ningún modelo econométrico ha establecido de manera contundente que el TLC generará beneficios significativos para Colombia. El reto es volvernos más productivos. ¿Estamos dando los pasos necesarios?

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