¡Educar, educar!

Junio 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Hay consenso sobre la importancia de la educación para el propósito de construir futuro. El reto de Colombia en esta materia es inmenso: como se sabe, el nivel de calificación y desempeño de nuestros docentes es inadecuado; sin corregir esta deficiencia es imposible avanzar. En dotación también hay carencias, mucho más graves en los sitios más distantes de los polos de desarrollo: un buen maestro hace mejor su trabajo con buenas herramientas y lugar apropiado. Los programas de educación son buenos en general, pero insuficiente la cobertura, sobre todo en educación pre escolar y tecnológica. Las universidades son de calidad heterogénea, pero ni siquiera las mejores ofrecen el apoyo necesario para construir el conocimiento que exige el mundo de hoy. El producto final de nuestra educación formal, como sería de esperar, no es bueno. Lo muestran los resultados en las pruebas Pisa.Los retos en educación formal son inmensos. Sin embargo, es aún más importante la tarea de educar para convivir, a cargo de los dirigentes públicos. El primer pedagogo debe ser el Presidente. Tenemos una larga historia de violencia y desorganización, marcada por la polarización, innecesaria e improductiva pero a veces inevitable. Además hemos tenido el costo de una institucionalidad muy deficiente. Sin procesos básicos apropiados es muy difícil avanzar, y no hay tareas más esenciales para una sociedad que legislar, juzgar y administrar lo público. Nuestro cimiento constitucional se cambió de manera desordenada en 1991; el resultado ha sido muy malo para el país, a pesar de las buenas intenciones que la Carta pregona. Lo evidencian los indicadores de criminalidad y desigualdad, y la corrupción, cada día más extendida, así tengan buenas intenciones quienes gobiernen.Llegó el momento de dar el salto a la pos modernidad, la globalidad, la ciencia y tecnología, o quedar al margen de las grandes transformaciones del mundo. Es preciso construir un verdadero estado social de derecho para que las funciones públicas sean impulso y no obstáculo para lograr resultados aceptables en los procesos de cambio global. Además, los dirigentes públicos y privados deben estudiar de manera metódica y permanente; no podrán lograr resultados apropiados sin renovar conocimientos, transmitirlos a sus organizaciones, e impulsar la capacitación formal. Las instituciones educativas deben, a su vez, ofrecer oportunidades congruentes con las estrategias de desarrollo de cada región y atender las exigencias prácticas de esta época, como el bilingüismo y la destreza en codificación. Todas las tareas involucradas en la educación, desde gobernar en forma ejemplar hasta prestar servicios profesionales como profesor en el más apartado caserío de la Amazonía, exigen personal idóneo. Invertir en lograr buena educación es la mayor fuente de beneficios para la sociedad y para cada uno de nosotros. ¿Creerán en nuestra centralista capital que impulsar la educación de la provincia es utópico?

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