¿Convivir con la corrupción?

Octubre 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El reto hoy es sobrevivir en este planeta donde hemos sido la especie dominante desde hace 200 mil años. La tarea es de todos. A cada uno le corresponde en su pequeño ámbito, pero es preciso buscar mecanismos para concertar soluciones de manera que el producto final sea coherente y los recursos escasos se aprovechen en forma debida. El propósito no parece muy difícil, pero en la práctica hay problemas complejos, por problemas en las comunicaciones entre las personas y por divergencias de objetivos. El más grave obstáculo es la apropiación indebida de los recursos públicos para beneficio de algunas personas, con perjuicio para todo el resto. Los recursos públicos tienen propósitos relacionados con el cumplimiento de las tareas del Estado: ejercer el monopolio del poder coercitivo, construir normas y juzgar su cumplimiento, y promover la armonía entre los asociados, el cultivo de las ciencias, artes y letras, la provisión de infraestructura, el acceso a los servicios esenciales y, por supuesto, la protección del ambiente, condición necesaria para la supervivencia. Habrá diversos criterios sobre el grado de redistribución del ingreso que se desea: a mayor redistribución menor será el incentivo para lograr la productividad; en contraposición, la inequidad marcada, como la existente en Colombia, inhibe el aprovechamiento del potencial de muchas personas. El uso incorrecto de dineros públicos impide asignarlos según criterios convenidos para robustecer la seguridad, mejorar la justicia, impulsar la educación, proteger la salud y facilitar el disfrute de vidas dignas. La corrupción no se combate solo con buena voluntad y con el ejemplo de los gobernantes virtuosos. Es necesario revisar los procesos públicos y los mecanismos básicos para legislar, juzgar y administrar. Hay que construir el avión en pleno vuelo, con cuidado para preservar lo bueno que tiene lo público. Conviene recordar que la inspiración del régimen presidencial de Colombia fue Estados Unidos, el único país democrático que había en el momento de la independencia de España y hoy el único país desarrollado con este régimen. Hay corrupción en todas partes, alimentada por el desequilibrio entre las instituciones públicas y el capital en la sociedad globalizada, pero Colombia es caso extremo de mal diseño en la conformación de las instancias responsables de atender las funciones esenciales del Estado y en los mecanismos definidos para el ejercicio de las responsabilidades. Los servidores públicos no siempre caen en cuenta de que su conducta es incorrecta. El poder seduce. Es mejor prevenir que curar. ¿Podremos entenderlo?

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