Colombia sostenible

Octubre 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El mundo de hoy pide compromiso con la sostenibilidad económica, social y ambiental. Colombia no está precisamente en posición de influencia en la política global. Sin embargo, por sus vicisitudes, está en circunstancia privilegiada para convertirse en modelo de reflexión colectiva para el mundo. Hoy es conocida por voceros como García Márquez, y por su vinculación con el narcotráfico internacional. Su actual estrategia de desarrollo, basada en la exportación de recursos no renovables puede ser peligrosa desde la perspectiva de la sostenibilidad económica. Su sistema político, con pésima distribución de los poderes públicos y Justicia poco segura, es inviable en el largo plazo. Las fracturas sociales son evidentes. El medio ambiente ha sido vulnerado. De otra parte, Colombia tiene ventajas comparativas naturales para construir un sistema viable. Su clima, en general, es maravilloso, con fluctuaciones moderadas. Tiene agua en abundancia, biodiversidad infinita y costa sobre dos océanos. Además sus gentes tienen disposición a aceptar lo foráneo. Hace dos décadas el planeta miró con asombro la transición pacífica del poder en Sudáfrica, del Partido Nacional al Partido del Congreso Africano, portaestandarte de la revolución, primero por las armas y luego por la evidencia del respaldo popular en un contexto democrático. Enseñó cómo aprender a respetarse unos a otros. Hoy Colombia puede aprovechar los problemas que parecen abrumarla para revisar los dilemas que enfrenta, buscar la sostenibilidad económica, social y ambiental y, en el proceso, dar ejemplo al mundo. Debe abordar grandes incógnitas: ¿Por qué sus instituciones no funcionan? ¿Por qué su economía no crece de manera sólida, con construcción de conocimiento y generación de empleo formal como cimiento de su futuro? ¿Por qué la guerra del narco tiene tanto impacto?Nuestro país está en un punto importante en la guerra del narco, como consecuencia de la búsqueda de una solución al conflicto de 60 años con las Farc. Un acuerdo que signifique desmovilización puede cambiar el balance de fuerzas, facilitar la plena ocupación del territorio por las fuerzas armadas y reducir el impacto del flagelo derivado de la prohibición. Además debemos mirar a Venezuela para entender hasta dónde nos pueden llevar los elementos más discutibles de nuestra institucionalidad y nuestra estrategia de desarrollo, poco incluyente. Si se encuentra un camino claro, que especifique recetas para con cada enemigo, el primero de los cuales es la corrupción que nos carcome y que inhibe el pleno desarrollo de nuestro potencial, podremos sorprender a los demás países. El mundo debe ajustar su esquema operativo, controlar la población y la demanda por alimentos, reducir la dependencia de recursos energéticos no renovables, y construir sistemas de convivencia armónicos y responsables, pero no parece darse cuenta de esta realidad. Nos corresponde dar ejemplo, pues la alternativa es seguir en el sendero equivocado, con elevadas probabilidades de catástrofe.¿Estaremos a la altura del reto?

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