¿Colapso?

Abril 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Las instituciones políticas de Colombia están carcomidas hasta las raíces. La corrupción generalizada, la impudicia de muchos alcaldes responsables tras celebrar contratos absurdos para ejecutar en su último año, la venalidad de la rama judicial develada por el diario El Espectador a finales de febrero, la falta de rigor en el trabajo del legislador, la denuncia de lavado de activos en el transporte de carga a raíz de un cese de prestación del servicio con bloqueo de vías cono mecanismo de diálogo, las fiestas de ex congresistas en la cárcel de La Picota, la falsificación de desmovilizaciones en el gobierno anterior, la chuzada telefónica por orden de altos funcionarios de la Rama Ejecutiva a dignatarios de la rama judicial, todos estos elementos son motivo de preocupación.Mientras Perú crece a tasas cercanas a 10%, en Colombia se celebra que en cuatro años, según pronósticos oficiales, la economía llegará a 6%, en vez del 4% actual. La diferencia no es gratuita. Perú tiene una estrategia consistente. En contraste, Colombia improvisa, sin mecanismos adecuados para controlar el nivel de gasto público ni mejorar su calidad. Los políticos profesionales tienen que conseguir la plata para sus campañas, y creen que eso legitima su apropiación de los dineros públicos a través de contratos o nombramientos de servidores públicos con contraprestación. En el corazón del problema está, pues, la financiación de las campañas en un país sin partidos políticos idóneos para canalizar el dinero de manera transparente y para formular y ejecutar programas de largo plazo. Como consecuencia, nos estamos volviendo cleptocracia, o gobierno de ladrones, y los derechos más básicos están amenazados por la premisa de que el fin justifica los medios.Nuestro pueblo merece mejor suerte. Ha sido paciente con la violencia desde los principios mismos de la vida republicana. Los trabajadores colombianos son, en general, creativos y responsables. La inadecuada distribución de los poderes públicos y la falta de claridad en materia de valores amenazan esta precaria democracia. Por lo pronto, el narcotráfico es motivo para unirnos, bien sea para legalizar el consumo de estupefacientes, así la comunidad internacional se incomode, o combatirlo sin cuartel. Esa debe ser la primera decisión de nuestros gobernantes. ¿Lo entenderán, o estarán dispuestos al colapso?

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