¿Cambiar la carta?

Agosto 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Nuestro sistema político es ineficaz. No produce el bienestar que reclaman los colombianos, ni modelos de conducta para construir una sociedad fundada en la confianza. Los procesos para nombrar legisladores y magistrados de las altas cortes son inadecuados. No hay verdaderos partidos, por eso la financiación de campañas se vuelve una actividad empresarial, que fomenta la corrupción. El esquema de control exonera al ejecutivo de responsabilidades. Nuestro régimen presidencial conlleva riesgos de costosos errores. La descentralización administrativa no es eficaz. La calidad del gasto público, en general, es pésima. Es preciso repensar el país para evitar que siga el sendero de Venezuela, con creciente dependencia de exportación de productos primarios y decreciente construcción de conocimiento.Es evidente que no se avanzará en la construcción de un Estado sólido a través del Congreso y que sin partidos políticos el legislador se desdibuja por la politiquería y el clientelismo. Así se aprobó una reforma constitucional en la cual se asigna a gobernadores, alcaldes y funcionarios nacionales cómo administrar las regalías para ciencia e innovación; desde tiempos de Lleras Restrepo esa tarea se asignaba a reconocidos académicos. La reforma a la justicia es otro adefesio y persiste la práctica inaceptable de que los fiscales, cuya función es acusar, ordenan la detención preventiva sin consentimiento de un juez. Hay dos caminos: un referendo, que debe tener la anuencia del Congreso, o una Constituyente, de la cual puede salir cualquier cosa. La Constitución de 1991 tiene el mérito de consagrar el estado social de derecho, pero se debe simplificar y dotar de procesos eficaces para la distribución de los poderes públicos. Hay que cambiar muchas cosas. Para ello se debe reunir una Asamblea representativa, que busque a los más sabios de diversas vertientes para que se encierren varias semanas hasta terminar la tarea. Luego la Asamblea se debe reunir para aprobar o improbar el producto del trabajo. Si se imprueba, se debe razonar sobre los elementos que requieren modificación y nombrar otro grupo que haga los ajustes. Así se definirá si conviene un sistema federal o unitario, si sigue el régimen presidencial, en cuyo caso es deseable sistema legislativo bicameral o uno parlamentario; cómo debe articularse el gobierno central con los regionales y cómo tener controles modernos y éticos.No es normal cambiar las constituciones con la facilidad con que se cambia la nuestra, ni se puede esperar buena gestión pública con instituciones mal armadas. Sin buena administración seguiremos en la pobreza, la inequidad y la violencia. ¿Queremos eso?

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