Botar plata cuesta

Diciembre 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Hace ocho décadas el economista inglés John Maynard Keynes explicó la necesidad de aumentar el gasto público en situaciones de estancamiento económico cuando hay exceso de capacidad instalada para la provisión de bienes y servicios. La lógica es impecable: el ingreso es la suma del consumo, la inversión y el gasto público. Si los dos primeros no aumentan lo que deberían, es posible que un buen gobierno logre el crecimiento de la economía aumentando el gasto. Sin embargo, aunque las verdades de Keynes no legitiman el desperdicio, a medida que pasa el tiempo es difícil asegurar el buen uso de los recursos públicos. La tentación del mal uso es mayor, por razones como que la economía en general, y el sector público hoy son mayores que en épocas pasadas, y es más fácil justificar el despilfarro. Sin embargo, como hay quince millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza, de los cuales seis millones están por debajo del nivel definido como indigencia, no tiene sentido lo superfluo mientras la distribución del ingreso en Colombia sea una de las más inequitativas del mundo. Un uso inteligente de los recursos disponibles resolvería el problema en una proporción significativa relativamente rápido.Duelen la ineficiencia y, sobre todo, el uso torcido del dinero. Aunque tengan impacto positivo en el ingreso, limitan el crecimiento de mañana. Como los recursos son limitados, hay que usarlos con sabiduría. Eso significa pensar en el efecto de cada centavo que gaste, y orientar el esfuerzo del estado como agente de desarrollo social hacia los terrenos que requieren redistribución del ingreso para asegurar la igualdad de oportunidades; si se centra en la administración de Justicia, el monopolio del poder coercitivo y la provisión universal de educación y salud, tendrá más impacto positivo que si se insiste en la dispersión de los recursos públicos en toda clase de bienes y servicios. Se debe dejar a la iniciativa privada la gestión de la innovación, necesaria para impulsar la competitividad internacional del aparato productivo, con el apoyo de dineros públicos para la producción de conocimiento y de infraestructura. ¿Cómo ordenar lo público para asegurar el buen uso de los escasos recursos? El primer paso es votar bien. El año entrante habrá elecciones, pero ninguno de los candidatos parece muy interesado en impulsar verdaderos cambios en los procesos públicos, que reduzcan la corrupción y mejoren la calidad del gasto. Todos parecen olvidar que la inequidad en la distribución del ingreso se puede combatir sin perjudicar a nadie y que si el ingreso de los menos favorecidos crece más rápido, habrá más demanda para los bienes y servicios que ofrece el resto de la sociedad. Con las instituciones actuales es prácticamente imposible tener buen gasto público. ¿Aparecerán propuestas apropiadas a las necesidades de Colombia?

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