Zurdos sordos

Septiembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Piedad Córdoba está molesta. La maltratan. Un tipo la insultó en un ascensor. Hace años decía lo mismo: que la ofendían en sitios públicos, le demostraban malquerencias en aeropuertos y le hacían muecas de desagrado en los teatros. Pasa el tiempo y sigue buscando el origen de tanta agresividad. ¿En serio no lo sabe?Sencillo: el país no ha cambiado lo suficiente como para que a uno le tiren flores en las calles cuando se toma fotos, sonriendo, con personajes al margen de la ley. Que sepamos, la paz no se ha firmado y muchas de las personas que ella admira todavía tienen cuentas pendientes con la Justicia por homicidio, secuestro, narcotráfico, extorsión, abigeato y reclutamiento de menores.Se puede, como en el caso de Córdoba, ser un facilitador, un puente en la tarea de la reconciliación, pero cuidándose de no dar unos cuantos pasos más allá de las fronteras de la prudencia. Y Córdoba ha aprendido a pasearse en zigzag por esos predios. Mientras el Presidente de Venezuela ordena echar a las patadas a miles de colombianos humildes, ella se envalentona para defenderlo. Y eso tiene un efecto en el corazón de la gente que monta en ascensores.Córdoba dice que la hackearon en redes y que pedirá investigación a la Fiscalía. Pero una mirada a su cuenta de Twitter revela que allí están, sin desmentidos, los trinos de elogios a Maduro y a su revolución. Aupar al poderoso majadero y minimizar la tragedia de los humildes es, por lo menos, vergonzoso.“De todas las categorías de ‘maduristas’, la más curiosa es aquella que apoya a Maduro desde afuera, donde está a salvo de sus atropellos”, dijo el cronista y escritor Alberto Salcedo. También de su pluma: “Cuando la izquierda avala con su silencio a déspotas como Maduro, solo por solidaridad de credo, ya no es una opción política sino una secta”. Secta cuyos ‘predicadores’ atraviesan por un período harto bolivariano. Iván Cepeda tardó cinco días en reaccionar públicamente, y lo que escribió en redes lo borró con el codo de sus desleídas declaraciones en el Congreso. Carlos Lozano se declaró eufórico defensor de las políticas de Maduro y Diosdado. León Valencia pasó de agache en su columna de Semana. Petro (que fungiera de guía turístico de Chávez en Colombia) fue muy generoso en la tarea de acoger a los damnificados, pero mudo a la hora de reprochar a Maduro. Aída Abella sugirió que el desabastecimiento en Venezuela es responsabilidad de Colombia. Gloria Cuartas clamó respeto por Venezuela y su presidente. Clara López, tibiecita. Jorge Enrique Robledo y Antonio Navarro, andaban muy ocupados en sus correrías políticas. Y volviendo a Piedad Córdoba: comparó a Gaitán con Maduro. Simplemente turbante.Entendiendo los respetables canales vinculantes entre las izquierdas de todo el mundo, pensábamos que en este rincón democrático del continente teníamos una izquierda nacional y no bolivariana. ¿Nos equivocamos? ¿O los equivocados son ellos?Ultimátum: Después de unas vacaciones en Cali, Piyo, de Compañía Ilimitada, se inspiró para escribir la letra de ‘Siloé’. Lo hizo porque, cuando vio por primera vez la comunidad (acabándose de graduar de arquitectura), pensó que era “una ciudad dentro de una ciudad”. La canción de Piyo y Juancho terminó siendo producida por Andrew Loog Oldham y hay quienes con cariño se refieren a ella como la ‘Satisfaction’ criolla. Fue hace treinta años que dos cachacos le cantaron a Siloé. Y tan campantes.

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