¡Yeah, yeah, yeah!

¡Yeah, yeah, yeah!

Febrero 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Mientras veía la ceremonia de los Grammy (siempre sazonada con la elemental fórmula gringa de country + rap) el periodista César Castro trinó preguntándome si Ringo Starr no estaba cantando “destemplado”. Cierto. Cualquiera sabe que si Ringo se oye afinado, no es él. Ringo cantaba con sus manos. Fue el mejor baterista que pudieron tener los Beatles; uno que nunca se lució con piruetas sonoras (apenas se le conoce un ‘solo’ de batería: en Abbey Road, el último álbum del grupo) y que les dio a los Beatles el ritmo necesario para que pasara lo que pasó hace 50 años, el día en que el cuarteto descubrió América y América aprendió a respetar al rock británico.Antes de los Beatles, los gringos apenas si se fijaban en los artistas ingleses (ni si quiera sabían dónde quedaba Gales) y los ingleses respetaban pocos actos norteamericanos con excepción de Sinatra y Elvis-, escaseaban los ídolos admirados a ambos lados del Atlántico. Los listados de popularidad no estaban unificados y la industria musical era, como diría un generalote, puros “hechos aislados”. De hecho Capitol, la subsidiaria de Parlophone-EMI, se negó durante meses a prensar discos de los Beatles, a quienes consideraban un fenómeno ajeno al gusto de las gritonas adolescentes de los Estados Unidos por el chicle.Hace 50 años los Beatles unieron América y Europa, que llevaban 60 millones de años separados, desde el ocaso de Pangea. El milagro lo hizo I want to hold your hand, que saltó de la casilla 43 de la lista de Cashbox directo al número uno. En tres días vendió un cuarto de millón de copias en la Unión y para el 10 de enero de 1964, un millón de personas tenían el sencillo en casa (el 13 de enero, solo en Nueva York, se habían despachado 10 mil unidades).En una lógica maniobra de la industria -según la cual eres una verdadera estrella cuando dejan de conocerte solo los astrónomos—, los Beatles llegaron el 7 de febrero de 1964 al recién rebautizado aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York, a la 1:20 p.m., abordo de un Boeing 707 de Pan American (vuelo PA 101). Norteamérica, cansada de llorar a Kennedy, estaba lista para darse la oportunidad de gozar con cuatro tipos de acento rarísimo y pelo de trapeadora.El día clave, que quedará como en el cliché, “grabado para siempre en los libros de historia” (la verdad es que pocos libros formales de historia lo registran) fue el 9 de febrero, cuando ante una audiencia en vivo de 728 fanáticas (y un puñado de tipos), se presentaron en el Show de Ed Sullivan, exótico sujeto, mitad Jorge Barón y mitad, Mr. Ed, el caballo que habla. Nielsen reportó una audiencia de 73 millones de televidentes. Los Beatles, como marca, habían nacido. Y con ellos arrancaba la Invasión Británica. La segunda.Lo demás, lo sabe todo el mundo: cantaron, fumaron, follaron, actuaron, ingirieron, grabaron, bebieron, compusieron, aspiraron y se separaron. Desde entonces, Ringo ha cantado un poco “destemplado” (a pesar de aquella pequeña ayuda de sus amigos) y Yoko ha sido culpada de lo que nunca hizo. A propósito, ella también estaba entre el público de los Grammy, muy animada, exhibiendo esa belleza que solo Lennon pudo apreciar. Lennon, ¿lo recuerdan? El tipo de los problemas visuales, el de las gafas.Ultimátum: Si Natalia París sigue diciendo que el Aspartame (por dañino que sea) se lo inventaron “los poderosos del mundo para embrutecer a la población mundial”, la van invitar a almorzar pollo en el Área 51.

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