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Se extingue una de las más enaltecedoras campañas políticas de las últimas...

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Junio 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Se extingue una de las más enaltecedoras campañas políticas de las últimas décadas. En serio. Cualquier observador desinteresado puede dar cuenta de que hemos asistido a conmovedores episodios de reconciliación, entendimiento y, como diría el alcalde Gustavo Petro (quien sugiere incorporar guerrilleros desmovilizados a las Fuerzas Armadas la misma semana en que asesinan cuatro policías y un oficial del Ejército), a un reverdecer de la “política del amor”.Petro, que sindicaba a Santos de haber participado en un “golpe de Estado” contra su administración, esgrimiendo comparaciones de esas que enfurecen al santismo (“lo que no hizo Uribe lo hizo Santos”), es su mano derecha en Bogotá. Flotando sobre nubes de algodón de azúcar, Petro le entregó como peones de campaña a sus hombres de confianza (Rojas y Jaramillo), le garantizó halagos de una cuadrilla de tuiteros mercenarios y (dizque) aceptó la renuncia de la gente clave del gabinete para entregarlos al santismo electorero, a riesgo, como anotó Yesid Lancheros en El Tiempo, de frenar la administración (“en el caso de los que se fueron con Santos, el alcalde no solo no los objetó, sino que les dio su aval y firmó sus salidas”). ¿Hay amor más grande que el de un alcalde que no les cumple a sus electores para cumplirles a los electores de su más enconado crítico?Ni qué decir de Santos: aceptó un pacto con Petro, al que se refería con sorna frente a los micrófonos de Juan Carlos Iragorri en Voces RCN: “Que fue mal alcalde, sin duda alguna. Que lo convirtieron en mártir, sin lugar a dudas. Pero que se convierta en el gran líder de la izquierda… tengo mis dudas”. Incluso reveló que, en reunión sostenida en privado, Petro le había declarado la guerra. Más muestras de que esta es la campaña de la concordia: Clara López pasó de acusar a Santos de organizar “la más grande compra-venta de votos que se recuerde” a conseguirle votos en Bosa, hombro a hombro con Iván Cepeda, el mismo que otrora pedía a la dirección del Polo Democrático “ejercer una férrea oposición al gobierno de Santos”. Con Santos, Claudia López, la autora de esta perla que uno creería es más de Pachito que de ella: “entre más conoce uno a Santos, menos santista se puede ser”. Con Santos y Vargas Lleras, el fogoso expresidente César Gaviria, cuyo hijo aseguraba que Vargas había traicionado a Serpa y a Uribe (“Vargas es desleal”). Con Santos, Ángela María Robledo, que en el pasado le reconocía al Presidente su derecho a ser optimista, pero no mentiroso. Con Santos, Antanas Mockus, a quien el Santos candidato de hace unos años, en entrevista con Juan Gossaín, acusó, no una sino tres veces, de cometer delitos. En otras toldas, más amoríos exóticos: William Ospina, pasando de revolucionario prochavista a deprimente áulico literario del uribismo… Piedad Córdoba, llevando la Marcha Patriótica a las toldas de un presidente que públicamente los vinculaba con actos de violencia… Zuluaga digiriendo a José Obdulio y Pacho Santos haciendo lo propio con Zuluaga (que lo llamó mal perdedor después de una convención con más sombras que luces). ¿Campaña sucia y puerca? Nada de eso: campaña de la verdadera unidad nacional por la paz. Y por la mermelada que Santos repartirá una vez le haya torcido el pescuezo a Zuluaga.Ultimátum: la política es dinámica y la hacen personas que no tienen problemas de hemodinámica: ¡Cómo iban a experimentar líos hemodinámicos si no les corre sangre por las venas!@gusgomez1701

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