Verigüel

Julio 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La nueva rajada en el Pisa financiero, tan previsible como la anterior para la ministra de Educación, nos confronta con una realidad que preocupa a los padres de familia, altera a los docentes y pone en calzas prietas al gobierno: nuestros muchachos no aprenden.Aprender no es recitar; aprender es razonar. Nos pasamos la vida estudiantil dejando al tiempo transcurrir sin discurrir. El presidente, que merca suficiencia en donde lo hace la ministra, planteó una exótica teoría. Sostiene que antes nos medíamos con los mediocres, por lo que brillábamos entre tanto burro internacional, y que ahora, en cambio, es con los más preparados que estamos confrontando conocimientos y por eso nuestra capacidad desluce. Quien le redactó tal despropósito, no hizo más que adaptar aquello de “más vale ser cabeza de ratón que cola de león”. El gravísimo problema de una juventud privada de un sistema educativo sólido, resuelto con un trabalenguas armado sobre un viejo refrán. Habría podido ser peor: declaraciones inspiradas, por ejemplo, en “más sabe el Diablo por viejo que por Diablo”.¿Quiénes eran los mediocres con que antes nos medíamos? ¿Acaso los hermanos venezolanos, los vecinos ecuatorianos, los socios peruanos o los primos panameños? Una salida tan rupestre puede ponernos en aprietos con la gente del “barrio regional”. O, en caso contrario, con Guinea Ecuatorial, Eritrea, Congo y Burundí que, después de las palabras del presidente, podrían cerrar sus representaciones diplomáticas en Colombia. Si las tuvieran, claro. Hablaba muy bien el presidente, muy bien enfundado en una camiseta donde muy bien podía leerse “very well!”. Eso porque coincidió la vergüenza de PISA con la presentación de un plan para lograr que en los colegios enseñen inglés, pues escasamente se aprende allí español. La Colombia bilingüe es como la Bogotá con metro; la Colombia bilingüe es como la guerrilla condenando la siembra de minas; la Colombia bilingüe es como el agua cristalina en Yopal; la Colombia bilingüe es como el regreso de los ferrocarriles; la Colombia bilingüe es como comerse un pescado en Cartagena a precios moderados. Como decimos los colombianos cuando no logramos explicar bien un concepto: ¿si me hago entender?Bien puede el presidente ir preparando disculpas para futuros resultados académicos como los conocidos esta semana y lo propio debe ocupar el tiempo libre de María Fernanda Campo, a quien respondió la periodista Claudia Morales con un trino a quemarropa: “Podemos contarle a la ministra que cuando hablamos de cartera no es la que le cuelga del brazo, sino esa de la que depende el futuro de Colombia”.Andrés Oppenheimer, a quien no le ha faltado crudeza para recordarnos nuestra tragedia educativa, decía en entrevista con La República que “nosotros los periodistas, los políticos, los académicos, todos, pasamos gran parte de nuestro tiempo hablando de todo menos de lo que es más importante, que es la educación”. Y, en una irónica coincidencia de asuntos entre una entrevista de 2013 y un resbalón educativo revelado en 2014, agregaba: “La educación es la clave del progreso económico en nuestros países, es la clave de la disminución de la pobreza, de la disminución de la brecha de desigualdad. Y, lamentablemente, estamos hablando de cualquier cosa, menos de educación”.Ultimátum: En Corea del Sur, China y Singapur la gente se mata estudiando. Aquí, nos matamos.

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