Tragicomedias

Mayo 07, 2017 - 07:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Cae WhatsApp. El país frena en seco. La gente se ve obligada a conversar con la lengua y no con los dedos, a mirarse a los ojos y a caminar por la calle con la vista al frente. Un par de horas de ayuno en el chat más famoso del país crispan nervios y estresan más que una visita de la Dian. Cuando el celular importa más que un riñón, se llega a extremos como el de Apple, que puede cobrar cien mil y más pesos por un miserable cable de carga. La inteligencia artificial llegó sin que nos diéramos cuenta: está en las manos de una horda de bípedos idiotizados con su brillo de oropel.

Sube Robledo. El diligente senador Jorge Enrique Robledo es serio escrutador de las conductas descompuestas de la clase política. O, mejor, de casi toda la clase política. Las encuestas premian, y con razón, a quien ha hecho serias denuncias, manteniéndose siempre en su coto de oposición sin ceder a las tentaciones burocráticas que combaron el carácter de algunos de sus pares ideológicos (de la hoy exministra Clara López, dijo Juan Lozano: “pretendía, al tiempo, ser ministra de Santos y candidata jefa de la oposición”). Ojo de águila y olfato de sabueso tiene Robledo. Virtudes que sólo fallan cuando se trata de exponer las impudicias éticas de Samuel Moreno, con cuyo triunfo el senador aseguraba que se sentaría “otra base para que la izquierda democrática, aunque irrite a la derecha de todos los pelambres, obtenga una resonante victoria”. Escaso de memoria y selectivo de criterio: más allá de su probidad, ¿en serio pensaba que Moreno era caudillo de la izquierda?

Absuelve Naranjo. De la lista de los mejores policías del mundo nos toca el único que, además, funge de segundo timonel de un país. El mismo que ardorosamente se gradúa como escudero de Ernesto Samper. A Julio Sánchez Cristo, en las entrevistas que se convirtieron en libro, le dijo que Samper persiguió a los Rodríguez Orejuela, que no existió nunca prueba reina de posibles ilicitudes, que su renuncia hubiera sido un desaguisado y que la culpa, enterita, seguramente fue de Fernando Botero. Naranjo mete las manos al fuego por Samper. No se quema: las ramas ‘verdes’ no arden bien. Ponderado y juicioso, Naranjo. Pero no infalible.

Aprieta Ecuador. Sumándose a la larga lista de agravios y atropellos de los uniformados venezolanos en zona de frontera, ahora vivimos el episodio de los militares ecuatorianos acosando embarcaciones de nuestros pescadores. A ver si los nefelibatas altos mandos bajan de las nubes y les ordenan a los soldados del posconflicto que se dediquen a proteger las fronteras con la misma dedicación con la que se hacen la manicura. Necesitamos, no tanto que se arreglen las uñas, como que las muestren.

Empepada Epa. Daneidy Barrera, fugaz estrella fundida en el crisol de las redes, saltó del anonimato a un engorroso prestigio exprés. Cuando ya lo había exhibido todo, aprovechó una entrevista con Vicky Dávila para presentar a su novia, en cumplimiento de su trágico sino de existir sólo desnudando la privacidad (el cuerpo ya lo había encuerado en SoHo). Y habló de su negocio de pepas para adelgazar, con lo que, vaya paradoja, ‘armó la gorda’: el Invima tomó nota, investigó y determinó que las pepas de Epa (las “pe-epas”) pueden matar a la gente con la misma efectividad que ella aplica en estrangular su intimidad.

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Ultimátum. Mala cosa que Gustavo Petro vea en la vergonzosa constituyente de Maduro una “expresión máxima de la democracia”. ¡Ay, tocayo!

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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