Sinuosa rectitud

Sinuosa rectitud

Abril 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

(Columna escrita a cuatro manos por Diana S. Giraldo y Gustavo Gómez)Que dos plumas, una de Vanguardia Liberal y otra de El País, decidan sumarse para escribir una columna, tiene que ser luminosa señal de que algo grave pasa en Bogotá, Bucaramanga y quién sabe dónde más. Al grano:Cuando los guardianes de la ética pierden el Norte, la sociedad entera es la que nunca llega a puerto. En las ciudades y municipios colombianos corresponde a los alcaldes velar por que las normas se cumplan, garantizar la cabal inversión de los recursos y generar escenarios de convivencia. Los alcaldes son (o deben ser) impolutos y probos. En una palabra menos rebuscada: rectos. Y la rectitud, obvio, nada tiene que ver con sinuosidades, sobre todo si se trata de asegurar la libre expresión.El deber de permitir manifestaciones libres y genuinas parecen desestimarlo dos alcaldes: uno en ejercicio, Luis Francisco Bohórquez (Bucaramanga) y otro, Gustavo Petro, comprometido en la respetable campaña de volver a su cargo. Pero tanto administrar como gestionar jurídicamente el regreso a una dignidad, requieren de una transparencia única frente a la opinión ajena.Ambos alcaldes, por interpuestas personas y con dineros públicos, han dado vida a grupos que operan en las redes sociales, lo que podría entenderse como una válida manera de promoción mediática. Otra es la realidad: alientan equipos de matoneo que operan con varias cuentas, o nombres que no siempre son reales, y cuyo principal quehacer es zaherir la reputación de quienes cuestionan la gestión de sus patrones.En Twitter y en Facebook, estos ‘comunicadores’ traspasan las fronteras de la publicidad para calumniar, injuriar y amenazar a quien no comulgue con su alcalde-patrón. Presentar a empleados públicos y contratistas con disfraz de ciudadanos del común, para manipular la opinión a favor de intereses políticos, es una distorsión ética intolerable. En el caso de Bogotá, además, la acción de las hordas enfurecidas de tuiteros, cuyos contratos salieron a flote en días pasados, se complementa con la adulteración que se hace de la información en el canal público. Este medio, convertido en amplificador de las malquerencias de Petro, asigna periodistas de planta para que, a través de investigaciones amañadas y grotescos derechos de petición, se esculque la vida de colegas que no creen en las cacareadas bondades de la Bogotá Humana. El canal lo orienta alguien que ha pasado de ser reconocida víctima a soterrado victimario.Que un ataque sistemático contra periodistas y medios de comunicación encuentre su génesis en un alcalde, apunta a que el funcionario traiciona los deberes que se le encomendaron a través del voto. Y, más preocupante aun, sugiere que sus calidades personales se desdibujan en conductas de evidente bajeza, impropias de alguien que debería representar la autoridad con pulcritud. A la larga lista de perseguidores de los medios y los periodistas, donde brillan en Colombia los personajes al margen de la ley, ahora habrá que sumar a los alcaldes y sus mercenarios virtuales. La debacle.Ultimátum: agradezco a Gabo toneladas de palabras pero, sobre todo, las que derramó sobre el cadáver de Lennon: “En un siglo en que los vencedores son siempre los que pegan más fuerte, los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado en el mundo entero la muerte de un hombre que no había hecho nada más que cantarle al amor. Es la apoteosis de los que nunca ganan”.@gusgomez1701 @DianaSaray

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