Rabia

Rabia

Mayo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

El periodista venezolano Douglas Marval escribió sobre el impacto que había tenido en su vida un libro que solía consultar su padre, ‘Los extremos se tocan’, de Joaquín Trincado. La obra es un recorrido por los balances perdidos de la humanidad desde tiempos inmemoriales. El que mucho come se enferma y quien no come, también, anotaba Trincado en ejemplo nada intrincado. Las cosas en su justa medida, como en el refrán: “Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”.Una suerte de gula editorial acosa a dos extremos de las ideas políticas en el nada equilibrado escenario de las redes sociales: Álvaro Uribe y Gustavo Petro. El caso Uribe es de vieja data, con descargas tuiteras, incluso numeradas, que son casi una institución virtual. Le compite hoy en protagonismo Petro, de quien se afirmaba que gobernaba por Twitter cuando era alcalde y del que ahora podría decirse que ni deja gobernar, ni duerme, por la obsesión de canalizar animadversiones disfrazadas de opinión.Desde su cuenta, Petro vive una especie de éxtasis fiscalizador que, en un principio (esté uno o no de acuerdo con su propuesta política), exhibía inquietudes válidas y sensatas. Esa etapa se cerró para dar paso a un ‘petroametrallamiento’ que tira a todo lo que se mueva, sin que medie un mínimo de técnica en la puntería. Como si estuviera vendado y con una escopeta de perdigones entre manos.El Petro tuitero repite los errores ajenos que otrora fustigaba con saña: critica la mala gerencia de Peñalosa (pero de sus cuatro años no nos quedó más que verborrea callejera y nimios resultados), cuestiona a los dueños de sociedades off shore (sin reparar en las de sus allegados), destaca las injusticias en el manejo jurídico del caso Rosa Elvira (cuando su administración no quiso conciliar con los Cely), pide respeto para su familia (pero apuntala los ataques a Miguel Uribe Turbay en las decisiones presidenciales de su abuelo) y descarta la resistencia civil de los uribistas (olvidando que él la convocaba frecuentemente desde el balcón de Liévano). La viga en el ojo ajeno.Petro aviva las llamas del resentimiento y la venganza, mientras trina que “acabar una guerra no implica comenzar la paz; las guerras las acaban los armados, la paz la hace el, la ciudadano (a)”. La última frase, textual, es difícil de entender, porque la llegada de la equidad de género a estrangular la estructura básica del idioma es otro de los rasgos de Petro en Twitter.Si él será, como algunos esperan, una de las posibilidades concretas para una próxima contienda electoral, hay que recordarle algo que sus trinos desdicen: el siguiente presidente tendrá el reto enorme de llevar a la realidad la tinta regada sobre los papeles de La Habana. Necesitará mesura, tacto y equilibrio, cualidades que no se asoman en los trinos de @petrogustavo.Petro es un hombre brillante y astuto, pero debe, como Bruce Banner, controlar al monstruo verde que lleva por dentro. El diccionario de la Real Academia Española le viene muy bien al exalcalde cuando recuerda la segunda acepción de trinar: “rabiar (impacientarse o enojarse)”. ¡Desármese de nuevo, tocayo!Ultimátum. Sensato y sincero Pepe Mujica. Cuando dijo que Maduro está loco como una cabra, no hizo más que llamar la atención sobre el desastre que ha sido la administración de Venezuela. Mientras, los líderes de la izquierda colombiana, siempre fogosos en sus declaraciones, se hacen los de la vista gorda con el fracaso de una revolución que solo ha sido efectiva para proteger a la guerrilla colombiana.Twitter Sigue en Twitter @gusgomez1701

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