¡Qué pena!

¡Qué pena!

Diciembre 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Condena infinita la que soportamos cada vez que ocurre un crimen execrable y, sea por buena intención, apetito de votos o rasgamiento de vestiduras, se propone la cadena perpetua. George Mikes sostenía, entre burla y verdad, que en Latinoamérica, cuando se quiere que las cosas sigan igual o peor, se hace una revolución. Y todos tan contentos. Hasta las víctimas, a las que prácticamente se obliga en los medios a perdonar al delincuente. ¿Qué entenderán por cadena perpetua los defensores de esta reiterativa idea? Es posible que coincidan con lo que universalmente representa esta tesis: pena que dura lo que dura la vida de un condenado. En la reforma penal Santos-Vargas Lleras hay penas tan altas que, sumadas a la vida del delincuente, se traducen en perfecta cadena perpetua.Total que la pena perpetua ya existe y lo único que falta, y seguramente esto es lo único rescatable de la propuesta de cada tanto, es ponerle a la sanción este terrorífico nombre y extender su cobertura. Pero siendo muchos, casi que sin termino final, los interrogantes y problemas que suscita el macabro instituto represivo, expongamos unos pocos. ¿Qué vamos a hacer con los menores de entre los 10 y los l8 años, a quienes la ley penal no alcanza hoy, pese a que la delincuencia de mayores busca esta clase de impunes ejecutores para los más siniestros atentados? Si para sentenciar a alguien a tres años pasan entre cinco y diez de averiguación, ¿cuánto se tardará para un hecho que atrae pena perpetua? Y si no hay establecimientos carcelarios adecuados y eficientes para condenados a penas cortas, ¿qué será de los condenados a perpetuidad? Razón tenía el ilustre penalista argentino Sebastián Soler cuando destacaba la insensatez de provocar reformas penales sin ejecutar las hechas. Sintéticamente aludía a que basta un homicidio en cualquier lugar, de cualquier día y en cualquier forma, para decretar la falencia del sistema imperante y apurar de inmediato una integral reforma de todos los estatutos. Para poder llegar a esto es necesario agotar las posibilidades de represión de lo existente y purificar sensatamente sus deficiencias. Con la pena de muerte o la pena perpetua no se atacan las causas, y su eficacia se reduce a su discutible valor intimidatorio. En el mundo proliferan los crímenes de lesa humanidad, los ajusticiamientos selectivos, los desplazamientos infames, los asesinatos de criaturas, el uso de artefactos de destrucción masiva y las depredaciones de todo género, pero nada de represión real, pese a la existencia de severas leyes nacionales e internacionales. Todo ha quedado borrado, perdonado y premiado. O denle una mirada al proceso de paz en estos predios. Pero se nos ofrece semestralmente la panacea de la cadena perpetua, que quedará en nada, porque el asunto no les cabe entre ceja y ceja a quienes creen que la respuesta es proponer, sin sonrojo y pena, una pena que ya existe. ***Ultimátum. Hubo redecoración en la Policía. La crisis se enfrentó trasteando burocracias y problemas de una regional a otra, entre departamentos. ¿Cambios de carro y casa para altos oficiales solucionan los gruesos problemas de la entidad y la preparan para el posconflicto? Lo que vimos fue retoque y maquillaje. Y la torpeza de proponer dos generales para operar en Bogotá solo acentúa la pérdida de norte de la institución y alienta ineficiencia, gastos y detrimento del mando. Despejen el camino, que la Policía está echando reversa con el acelerador a fondo.Sigue en Twitter @gusgomez1701

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