Púgiles

Julio 27, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Acostumbrados como estamos a que nuestros legisladores usen el Congreso y lo público para beneficio personal, lo que voy a decir en esta columna es de un candor único. Y el candor en este país de marrullas y confabulaciones matreras, lejos está de ser una cualidad y cerca, eso sí,  de ser visto como defecto.Levante la mano quien no prefiera un Congreso animado por el buen debate, con argumentos, en donde los niveles de exigencia enciendan los motores de parlamentarios que en ocasiones parecen vegetar en sus asientos. La seguridad de que habrá choque de aguas entre la Unidad Nacional y la oposición -y de izquierda y uribismo dentro de ese bloque de detractores de la prosperidad-, promete un Congreso animado, objeto de la atención de todos los colombianos. Hasta ahí, bien.Lo que no puede pasar es que los parlamentarios conviertan al Congreso y sus recursos en plataforma para la resolución de conflictos privados. ¿Es asunto personal que un congresista ventile las posibles vinculaciones de otro con asesinos y delincuentes? Diría uno que es válido, que la Constitución y la ley garantizan el derecho a que se nos cuente la verdad, y que en esa tarea bien hacen en ser sujetos activos los legisladores.El problema radica en demarcar la delgada línea roja que separa la defensa de los intereses del país del cobro de cartera morosa personal a punta de manopla. ¿La piedra angular de las controversias va a ser el refrito carente de pruebas? Gran daño nos harían los congresistas si van a pasar cuatro años regurgitando declaraciones de paramilitares, vinculando el bautizo de frentes guerrilleros con familiares de senadores, haciendo piruetas jurídicas para trasladar procesos de la Comisión de Absoluciones a las cortes o tildando de agentes de la subversión a quienes comulguen con la izquierda.Si las leyes las vamos a recibir envueltas en el buen nombre de la gente, que nos adviertan de una vez. Congreso gallera, bancada pandilla y debate calumnia son combinaciones inaceptables. Bienvenida la discusión y las ideas afiladas, pero el país está harto de votar por servidores públicos y ver posesionarse a púgiles.No olvidan algunos cuando, a finales de los 80, la votación de una reforma agraria terminó con un puño de Gilberto Alzate Ramírez, que esquivó Fabio Valencia Cossio solo para irse involuntariamente sobre Óscar Nacianceno Orozco, parlamentario valluno que no tuvo reparo en desenfundar un revolver.Tres lustros antes, el Congreso había asistido al oscuro episodio en el que un cruce de argumentos entre José Ignacio Vives y María Eugenia Rojas de Moreno (madre de Iván y Samuel) había terminado con exhibición de armas y la decisión de Eduardo Abuchaibe, presidente de la corporación, de prohibir la entrada de armas al capitolio. Ahora, a juzgar por la denuncia del senador Juan Manuel Galán, las armas no entran a las cámaras: solo salen, y nunca regresan.¿Mejor púgiles verbales que pistoleros reales? Que el Congreso no se muera más de lo muerto que ya está.Ultimátum: El general (r) Javier Rey, tan enterado de los pormenores del caso Andrómeda, aprovechó una entrevista en Los Informantes para revelar información reservada. Y, extrañamente, vinculó al campo del delito a funcionarios de cuyas conductas no dio cuenta cuando tenía la obligación de hacerlo. Reconociendo su valor en la Operación Jaque, curioso que el informe le atribuyera activa participación en otras acciones donde su rol fue tangencial y el protagónico le correspondió a la Policía.@gusgomez1701

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